{"id":680,"date":"2022-07-09T07:30:00","date_gmt":"2022-07-09T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=680"},"modified":"2022-07-07T20:20:58","modified_gmt":"2022-07-07T23:20:58","slug":"de-la-enciclica-sobre-la-sagrada-liturgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/de-la-enciclica-sobre-la-sagrada-liturgia\/","title":{"rendered":"De la Enc\u00edclica sobre la Sagrada Liturgia"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A01.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"495\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A01.jpg?resize=495%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-681\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A01.jpg?w=495&amp;ssl=1 495w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A01.jpg?resize=297%2C300&amp;ssl=1 297w\" sizes=\"auto, (max-width: 495px) 100vw, 495px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Si, por una parte, vemos con dolor que en algunas regiones el sentido, el conocimiento y el estudio de la liturgia son a veces escasos o casi nulos, por otra observamos con gran preocupaci\u00f3n que en otras hay algunos, demasiado \u00e1vidos de novedades, que se alejan del camino de la sana doctrina y de la prudencia; pues con la intenci\u00f3n y el deseo de una renovaci\u00f3n lit\u00fargica mezclan frecuentemente principios que en la teor\u00eda o en la pr\u00e1ctica comprometen esta causa sant\u00edsima y la contaminan tambi\u00e9n muchas veces con errores que afectan a la fe cat\u00f3lica y a la doctrina asc\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>La pureza de la fe y de la moral debe ser la norma caracter\u00edstica de esta sagrada disciplina, que tiene que conformarse absolutamente con las sapient\u00edsimas ense\u00f1anzas de la Iglesia. Es, por tanto, deber nuestro alabar y aprobar todo lo que est\u00e1 bien hecho, y reprimir o reprobar todo lo que se desv\u00eda del verdadero y justo camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay en la actualidad, venerables hermanos, quienes, acerc\u00e1ndose a errores ya condenados, dicen que en el Nuevo Testamento s\u00f3lo se entiende con el nombre de sacerdocio aquel que ata\u00f1e a todos los bautizados; y que el precepto que Jesucristo dio a los Ap\u00f3stoles en su \u00faltima cena, de hacer lo que \u00c9l mismo hab\u00eda hecho, se refiere directamente a todo el conjunto de los fieles; y que s\u00f3lo m\u00e1s adelante se introdujo el sacerdocio jer\u00e1rquico. Por lo cual creen que el pueblo tiene verdadero poder sacerdotal, y que los sacerdotes obran solamente en virtud de una delegaci\u00f3n de la comunidad. Por eso juzgan que el sacrificio eucar\u00edstico es una estricta \u201cconcelebraci\u00f3n\u201d, y opinan que es m\u00e1s conveniente que los sacerdotes \u201cconcelebren\u201d rodeados de los fieles que no que ofrezcan privadamente el sacrificio sin asistencia del pueblo. El sacerdote representa al pueblo s\u00f3lo porque representa la persona de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que es Cabeza de todos los miembros por los cuales se ofrece; y que, por consiguiente, se acerca al altar como ministro de Jesucristo, inferior a Cristo, pero superior al pueblo. El pueblo, por el contrario, puesto que de ninguna manera representa la persona del divino Redentor ni es mediador entre s\u00ed mismo y Dios, de ning\u00fan modo puede gozar del derecho sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>El augusto sacrificio del altar termina con la comuni\u00f3n del divino banquete. Sin embargo, como todos saben, para la integridad del mismo sacrificio se requiere s\u00f3lo que el sacerdote se nutra con el alimento celestial, y no que tambi\u00e9n el pueblo -cosa que, por lo dem\u00e1s, es muy deseable- se acerque a la sagrada comuni\u00f3n. Nos place reiterar a este prop\u00f3sito las advertencias que nuestro predecesor Benedicto XIV escribe acerca de las definiciones del concilio Tridentino: \u201cEn primer lugar hemos de decir que a ning\u00fan fiel se le puede ocurrir que las misas privadas, en las cuales s\u00f3lo el sacerdote recibe la Eucarist\u00eda, pierdan por esto el valor del verdadero, perfecto e \u00edntegro sacrificio instituido por Cristo Se\u00f1or Nuestro, y que por lo mismo hayan de considerarse il\u00edcitas. Pues los fieles no ignoran, o por lo menos pueden f\u00e1cilmente ser instruidos en ello, que el sacrosanto concilio de Trento, fundado en la doctrina que ha conservado la perpetua tradici\u00f3n de la Iglesia, conden\u00f3 la nueva y falsa doctrina contraria de Lutero\u201d. \u201cQuien dijere que las misas en que s\u00f3lo el sacerdote comulga sacramentalmente son il\u00edcitas, y que, por lo mismo, hay que suprimirlas, sea anatema\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1n fuera, pues, del camino de la verdad los que no quieren celebrar el santo sacrificio si el pueblo cristiano no se acerca a la sagrada mesa; pero m\u00e1s yerran todav\u00eda los que, para probar que es enteramente necesario que los fieles, junto con el sacerdote, reciban el alimento eucar\u00edstico, afirman capciosamente que aqu\u00ed no se trata s\u00f3lo de un sacrificio, sino del sacrificio y del convite de la comunidad fraterna, y hacen de la sagrada comuni\u00f3n, recibida en com\u00fan, como la cima de toda la celebraci\u00f3n. Se debe, pues, una vez m\u00e1s advertir que el sacrificio eucar\u00edstico, por su misma naturaleza, es la incruenta inmolaci\u00f3n de la divina V\u00edctima, inmolaci\u00f3n que se manifiesta m\u00edsticamente por la separaci\u00f3n de las sagradas especies y por la oblaci\u00f3n de las mismas al Eterno Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Os exhortamos a que, alejando cuanto sepa a error y falacia y reprobando cuanto se opone a la verdad y al orden, promov\u00e1is las iniciativas que ponen al alcance del pueblo un conocimiento m\u00e1s profundo de la sagrada liturgia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n es nuestro insistente deseo recomendar el decoro que debe reinar en los sagrados templos y altares. Obligados por nuestra conciencia y oficio, nos sentimos precisados a tener que reprobar y condenar ciertas im\u00e1genes y formas \u00faltimamente introducidas por algunos, que, a su extravagancia y degeneraci\u00f3n est\u00e9tica, unen el ofender claramente m\u00e1s de una vez al decoro, a la piedad y a la modestia cristiana, y ofenden el mismo sentimiento religioso; todo eso debe alejarse y desterrarse en absoluto de nuestras iglesias, \u201cy en general todo lo que desdice de la santidad del lugar\u201d&nbsp;<em>(C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico canon 1178)<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. P\u00edo XII,&nbsp;<em>Enc\u00edclica Mediator Dei&nbsp;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Si, por una parte, vemos con dolor que en algunas regiones el sentido, el conocimiento y el estudio de la liturgia son a veces escasos o casi nulos, por otra observamos con gran preocupaci\u00f3n que &hellip; <a href=\"https:\/\/arcadei.org\/blog\/de-la-enciclica-sobre-la-sagrada-liturgia\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[41,45,127,21,68,20,144,122,131,55,119,157],"class_list":["post-680","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-deber-de-estado","tag-discernimiento","tag-doctrina-catolica","tag-fe","tag-formacion","tag-liturgia","tag-magisterio-de-la-iglesia-catolica","tag-sacerdocio","tag-sagrado-concilio-tridentino","tag-santa-misa","tag-tradicion","tag-verdad"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pg77Cv-aY","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/680","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=680"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/680\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":682,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/680\/revisions\/682"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=680"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=680"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=680"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}