{"id":693,"date":"2022-07-13T07:30:00","date_gmt":"2022-07-13T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=693"},"modified":"2022-07-09T18:58:42","modified_gmt":"2022-07-09T21:58:42","slug":"sobre-la-unidad-de-la-iglesia-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/sobre-la-unidad-de-la-iglesia-i\/","title":{"rendered":"Sobre la unidad de la Iglesia (I)"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Vaticano-07.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"258\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Vaticano-07.jpg?resize=258%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-694\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Vaticano-07.jpg?w=258&amp;ssl=1 258w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Vaticano-07.jpg?resize=155%2C300&amp;ssl=1 155w\" sizes=\"auto, (max-width: 258px) 100vw, 258px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Bien sab\u00e9is que una parte considerable de nuestros pensamientos y de nuestras preocupaciones tiene por objeto esforzarnos en volver a los extraviados al redil que gobierna el soberano Pastor de las almas, Jesucristo. Aplicando nuestra alma a ese objeto, Nos hemos pensado que ser\u00eda util\u00edsimo a tama\u00f1o designio y a tan grande empresa de salvaci\u00f3n trazar la imagen de la Iglesia, dibujando, por decirlo as\u00ed, sus contornos principales, y poner en relieve, como su distintivo m\u00e1s caracter\u00edstico y m\u00e1s digno de especial atenci\u00f3n, la unidad, car\u00e1cter insigne de la verdad y del invencible poder que el Autor divino de la Iglesia ha impreso en su obra. Considerada en su forma y en su hermosura nativa, la Iglesia debe tener una acci\u00f3n muy poderosa sobre las almas, y no es apartarse de la verdad decir que ese espect\u00e1culo puede disipar la ignorancia y desvanecer las ideas falsas y las preocupaciones, sobre todo aquellas que no son hijas de la malicia. Pueden tambi\u00e9n excitar en los hombres el amor a la Iglesia, un amor semejante a la caridad, bajo cuyo impulso Jesucristo ha escogido a la Iglesia por su Esposa, rescat\u00e1ndola con su sangre divina; pues Jesucristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 \u00c9l mismo por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es con frecuencia llamada en las sagradas letras&nbsp;<em>un cuerpo<\/em>, y tambi\u00e9n el&nbsp;<em>cuerpo de Cristo<\/em>. \u201cSois el cuerpo de Cristo\u201d. Porque la Iglesia es un cuerpo visible a los ojos; porque es el cuerpo de Cristo, es un cuerpo vivo, activo, lleno de savia, sostenido y animado como est\u00e1 por Jesucristo, que lo penetra con su virtud, como, aproximadamente, el tronco de la vi\u00f1a alimenta y hace f\u00e9rtiles a las ramas que le est\u00e1n unidas. En los seres animados, el principio vital es invisible y oculto en lo m\u00e1s profundo del ser, pero se denuncia y manifiesta por el movimiento y la acci\u00f3n de los miembros; as\u00ed, el principio de vida sobrenatural que anima a la Iglesia se manifiesta a todos los ojos por los actos que produce.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed se sigue que est\u00e1n en un pernicioso error los que, haci\u00e9ndose una Iglesia a medida de sus deseos, se la imaginan como oculta y en manera alguna visible, y aquellos otros que la miran como una instituci\u00f3n humana, provista de una organizaci\u00f3n, de una disciplina y ritos exteriores, pero sin ninguna comunicaci\u00f3n permanente de los dones de la gracia divina, sin nada que demuestre por una manifestaci\u00f3n diaria y evidente la vida sobrenatural que recibe de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo una que otra concepci\u00f3n son igualmente incompatibles con la Iglesia de Jesucristo, como el cuerpo o el alma son por s\u00ed solos incapaces de constituir el hombre. El conjunto y la uni\u00f3n de estos dos elementos es indispensable a la verdadera Iglesia, como la \u00edntima uni\u00f3n del alma y del cuerpo es indispensable a la naturaleza. La Iglesia no es una especie de cad\u00e1ver; es el cuerpo de Cristo, animado con su vida sobrenatural. Cristo mismo, jefe y modelo de la Iglesia, no est\u00e1 entero si se considera en \u00c9l exclusivamente la naturaleza humana y visible, como hacen los disc\u00edpulos de Fotino o Nestorio, o \u00fanicamente la naturaleza divina e invisible, como hacen los monofisitas; pero Cristo es uno por la uni\u00f3n de las dos naturalezas, visible e invisible, y es uno en las dos: del mismo modo, su Cuerpo m\u00edstico no es la verdadera Iglesia sino a condici\u00f3n de que sus partes visibles tomen su fuerza y su vida de los dones sobrenaturales y otros elementos invisibles; y de esta uni\u00f3n es de la que resulta la naturaleza de sus mismas partes exteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas como la Iglesia es&nbsp;<em>as\u00ed&nbsp;<\/em>por voluntad y orden de Dios,&nbsp;<em>as\u00ed&nbsp;<\/em>debe permanecer sin ninguna interrupci\u00f3n hasta el fin de los siglos, pues de no ser as\u00ed no habr\u00eda sido fundada para siempre, y el fin mismo a que tiende quedar\u00eda limitado en el tiempo y en el espacio; doble conclusi\u00f3n contraria a la verdad. Es cierto, por consiguiente, que esta reuni\u00f3n de elementos visibles e invisibles, estando por la voluntad de Dios en la naturaleza y la constituci\u00f3n \u00edntima de la Iglesia, debe durar, necesariamente, tanto como la misma Iglesia dure.<\/p>\n\n\n\n<p>No es otra la raz\u00f3n en que se funda San Juan Cris\u00f3stomo cuando nos dice: \u201cNo te separes de la Iglesia. Nada es m\u00e1s fuerte que la Iglesia. Tu esperanza es la Iglesia; tu salud es la Iglesia; tu refugio es la Iglesia. Es m\u00e1s alta que el cielo y m\u00e1s ancha que la tierra. No envejece jam\u00e1s, su vigor es eterno. Por eso la Escritura, para demostrarnos su solidez inquebrantable, le da el nombre de monta\u00f1a\u201d. San Agust\u00edn a\u00f1ade: \u201cLos infieles creen que la religi\u00f3n cristiana debe durar cierto tiempo en el mundo para luego desaparecer. Durar\u00e1 tanto como el sol; y mientras el sol siga saliendo y poni\u00e9ndose, es decir, mientras dure el curso de los tiempos, la Iglesia de Dios, esto es, el Cuerpo de Cristo, no desaparecer\u00e1 del mundo\u201d. Y el mismo Padre dice en otro lugar: \u201cLa Iglesia vacilar\u00e1 si su fundamento vacila; pero \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 vacilar Cristo? Mientras Cristo no vacile, la Iglesia no flaquear\u00e1 jam\u00e1s hasta el fin de los tiempos. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los que dicen: La Iglesia ha desaparecido del mundo, cuando ni siquiera puede flaquear?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos son los fundamentos sobre los que debe apoyarse quien busca la verdad. La Iglesia ha sido fundada y constituida por Jesucristo nuestro Se\u00f1or; por tanto, cuando inquirimos la naturaleza de la Iglesia, lo esencial es saber lo que Jesucristo ha querido hacer y lo que ha hecho en realidad. Hay que seguir esta regla cuando sea preciso tratar, sobre todo, de la unidad de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. Le\u00f3n XIII,&nbsp;<em>Enc\u00edclica Satis Cognitum<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Bien sab\u00e9is que una parte considerable de nuestros pensamientos y de nuestras preocupaciones tiene por objeto esforzarnos en volver a los extraviados al redil que gobierna el soberano Pastor de las almas, Jesucristo. 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