{"id":699,"date":"2022-07-15T07:30:00","date_gmt":"2022-07-15T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=699"},"modified":"2022-07-10T19:10:14","modified_gmt":"2022-07-10T22:10:14","slug":"sobre-la-unidad-de-la-iglesia-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/sobre-la-unidad-de-la-iglesia-ii\/","title":{"rendered":"Sobre la unidad de la Iglesia (II)"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Basilica-de-San-Pedro-04.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"230\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Basilica-de-San-Pedro-04.jpg?resize=500%2C230&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-700\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Basilica-de-San-Pedro-04.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Basilica-de-San-Pedro-04.jpg?resize=300%2C138&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La verdadera Iglesia de Jesucristo es Una; los testimonios evidentes y multiplicados de las Sagradas Letras han fijado tan bien este punto, que ning\u00fan cristiano puede llevar su osad\u00eda a contradecirlo. Pero cuando se trata de determinar y establecer la naturaleza de esta unidad, muchos se dejan extraviar por varios errores. No solamente el origen de la Iglesia, sino todos los caracteres de su constituci\u00f3n pertenecen al orden de las cosas que proceden de una voluntad libre; toda la cuesti\u00f3n consiste, pues, en saber lo que en realidad ha sucedido, y por eso es preciso averiguar no de qu\u00e9 modo la Iglesia podr\u00eda ser una, sino qu\u00e9 unidad ha querido darle su Fundador.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia est\u00e1 constituida en la unidad por su misma naturaleza; es una, aunque las herej\u00edas traten de desgarrarla en muchas sectas. Decimos, pues, que la antigua y cat\u00f3lica Iglesia es una, porque tiene la unidad; de la naturaleza, de sentimiento, de principio, de excelencia&#8230; Adem\u00e1s, la cima de perfecci\u00f3n de la Iglesia, como el fundamento de su construcci\u00f3n, consiste en la unidad; por eso sobrepuja a todo el mundo, pues nada hay igual ni semejante a ella. Por eso, cuando Jesucristo habla de este edificio m\u00edstico, no menciona m\u00e1s que una Iglesia, que llama suya: \u201cYo edificar\u00e9 mi Iglesia\u201d. Cualquiera otra que se quiera imaginar fuera de ella no puede ser la verdadera Iglesia de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>\u201cComo mi Padre me envi\u00f3, os env\u00edo a vosotros\u201d. \u201cComo t\u00fa me enviaste al mundo, los he enviado tambi\u00e9n al mundo\u201d. En la misi\u00f3n de Cristo entraba rescatar de la muerte y salvar \u201clo que hab\u00eda perecido\u201d; esto es, no solamente algunas naciones o algunas ciudades, sino la universalidad del g\u00e9nero humano, sin ninguna excepci\u00f3n en el espacio ni en el tiempo. \u201cEl Hijo del hombre ha venido&#8230; para que el mundo sea salvado por \u00c9l\u201d. \u201cPues ning\u00fan otro nombre ha sido dado a los hombres por el que podamos ser salvados\u201d. La misi\u00f3n, pues, de la Iglesia es repartir entre los hombres y extender a todas las edades la salvaci\u00f3n operada por Jesucristo y todos los beneficios que de ella se siguen. Por esto, seg\u00fan la voluntad de su Fundador, es necesario que sea \u00fanica en toda la extensi\u00f3n del mundo y en toda la duraci\u00f3n de los tiempos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn los \u00faltimos tiempos, la monta\u00f1a, que es la Casa del Se\u00f1or, estar\u00e1 preparada en la cima de las monta\u00f1as\u201d. Pero esta monta\u00f1a colocada sobre la cima de las monta\u00f1as es \u00fanica; \u00fanica es esta Casa del Se\u00f1or, hacia la cual todas las naciones deben afluir un d\u00eda en conjunto para hallar en ella la regla de su vida. \u201cY todas las naciones afluir\u00e1n hacia ella y dir\u00e1n: Venid, ascendamos a la monta\u00f1a del Se\u00f1or, vamos a la Casa del Dios de Jacob y nos ense\u00f1ar\u00e1 sus caminos y marcharemos por sus senderos\u201d. No es, pues, en la monta\u00f1a de Si\u00f3n donde Isa\u00edas ve el valle, sino en la monta\u00f1a santa, que es la Iglesia, y que llenando todo el mundo romano eleva su cima hasta el cielo&#8230; La verdadera Si\u00f3n espiritual es, pues, la Iglesia, en la cual Jesucristo ha sido constituido Rey por Dios Padre, y que est\u00e1 en todo el mundo, lo cual es exclusivo de la Iglesia cat\u00f3lica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es preciso a\u00f1adir que el Hijo de Dios decret\u00f3 que la Iglesia fuese su propio Cuerpo m\u00edstico, al que se unir\u00eda para ser su Cabeza, del mismo modo que en el cuerpo humano, que tom\u00f3 por la Encarnaci\u00f3n, la cabeza mantiene a los miembros en una necesaria y natural uni\u00f3n. Y as\u00ed como tom\u00f3 un cuerpo mortal \u00fanico que entreg\u00f3 a los tormentos y a la muerte para pagar el rescate de los hombres, as\u00ed tambi\u00e9n tiene un Cuerpo m\u00edstico \u00fanico en el que y por medio del cual hizo participar a los hombres de la santidad y de la salvaci\u00f3n eterna. \u201cDios le hizo (a Cristo) jefe de toda la Iglesia, que es su cuerpo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los miembros separados y dispersos no pueden unirse a una sola y misma cabeza para formar un solo cuerpo. Pues San Pablo dice: \u201cTodos los miembros del cuerpo, aunque numerosos, no son sino un solo cuerpo: as\u00ed es Cristo\u201d. Y es por esto por lo que nos dice tambi\u00e9n que este cuerpo est\u00e1&nbsp;<em>unido&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>ligado<\/em>. \u201cCristo es el jefe, en virtud del que todo el cuerpo, unido y ligado por todas sus coyunturas que se prestan mutuo auxilio por medio de operaciones proporcionadas a cada miembro, recibe su acrecentamiento para ser edificado en la caridad\u201d. As\u00ed, pues, si algunos miembros est\u00e1n separados y alejados de los otros miembros, no podr\u00e1n pertenecer a la misma cabeza como el resto del cuerpo. \u201cHay -dice San Cipriano- un solo Dios, un solo Cristo, una sola Iglesia de Cristo, una sola fe, un solo pueblo que, por el v\u00ednculo de la concordia, est\u00e1 fundado en la unidad s\u00f3lida de un mismo cuerpo. La unidad no puede ser amputada; un cuerpo, para permanecer \u00fanico, no puede dividirse por el fraccionamiento de su organismo\u201d. Para mejor declarar la unidad de su Iglesia, Dios nos la presenta bajo la imagen de un cuerpo animado, cuyos miembros no pueden vivir sino a condici\u00f3n de estar unidos con la cabeza y de tomar sin cesar de \u00e9sta su fuerza vital; separados, han de morir necesariamente. \u201cNo puede (la Iglesia) ser dividida en pedazos por el desgarramiento de sus miembros y de sus entra\u00f1as. Todo lo que se separe del centro de la vida no podr\u00e1 vivir por s\u00ed solo ni respirar\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Que se busque, pues, otra cabeza parecida a Cristo, que se busque otro Cristo si se quiere imaginar otra Iglesia fuera de la que es su cuerpo. \u201cMirad de lo que deb\u00e9is guardaros, ved por lo que deb\u00e9is velar, ved lo que deb\u00e9is tener. A veces se corta un miembro en el cuerpo humano, o m\u00e1s bien se le separa del cuerpo una mano, un dedo, un pie. \u00bfSigue el alma al miembro cortado? Cuando el miembro est\u00e1 en el cuerpo, vive; cuando se le corta, pierde la vida. As\u00ed el hombre, en tanto que vive en el cuerpo de la Iglesia, es cristiano cat\u00f3lico; separado se har\u00e1 her\u00e9tico. El alma no sigue al miembro amputado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia de Cristo es, pues, \u00fanica y, adem\u00e1s, perpetua: quien se separa de ella se aparta de la voluntad y de la orden de Jesucristo nuestro Se\u00f1or, deja el camino de salvaci\u00f3n y corre a su p\u00e9rdida. \u201cQuien se separa de la Iglesia para unirse a una esposa ad\u00faltera, renuncia a las promesas hechas a la Iglesia. Quien abandona a la Iglesia de Cristo no lograr\u00e1 las recompensas de Cristo&#8230; Quien no guarda esta unidad, no guarda la ley de Dios, ni guarda la fe del Padre y del Hijo, ni guarda la vida ni la salud\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. Le\u00f3n XIII,&nbsp;<em>Enc\u00edclica Satis Cognitum<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu La verdadera Iglesia de Jesucristo es Una; los testimonios evidentes y multiplicados de las Sagradas Letras han fijado tan bien este punto, que ning\u00fan cristiano puede llevar su osad\u00eda a contradecirlo. 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