{"id":708,"date":"2022-07-18T07:30:00","date_gmt":"2022-07-18T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=708"},"modified":"2022-07-13T20:10:15","modified_gmt":"2022-07-13T23:10:15","slug":"responsabilidad-de-la-mujer-en-la-vida-conyugal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/responsabilidad-de-la-mujer-en-la-vida-conyugal\/","title":{"rendered":"Responsabilidad de la mujer en la vida conyugal"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Matrimonio-08.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"252\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Matrimonio-08.jpg?resize=500%2C252&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-709\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Matrimonio-08.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Matrimonio-08.jpg?resize=300%2C151&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Es cierto e indudable que, para la felicidad de un hogar dom\u00e9stico, la mujer puede m\u00e1s que el hombre. Corresponde la parte principal al marido en el asegurar la subsistencia y el porvenir de las personas y de la casa, en las determinaciones que comprometen a \u00e9l y a los hijos para el futuro; pero, en cambio, ata\u00f1en a la mujer aquellos mil, pero atentos, detalles, aquellas imponderables atenciones y cuidados diarios, que son los elementos de la atm\u00f3sfera interior de una familia, y que, seg\u00fan procedan rectamente, o en cambio se alteren o falten, la hacen o sana, fresca y confortable, o pesada, viciada e irrespirable. Entre las paredes dom\u00e9sticas, el trabajo de la esposa debe ser siempre la labor de la mujer fuerte, tan exaltada por la Sagrada Escritura; de la mujer a la cual el esposo conf\u00eda su coraz\u00f3n, y que le devolver\u00e1 bien y no mal para todos los d\u00edas de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n crear\u00e1, poco a poco, d\u00eda tras d\u00eda, el verdadero hogar espiritual, sino el trabajo espiritual de aquella que ha venido a ser \u201cse\u00f1ora de casa\u201d, de aquella a quien se conf\u00eda el coraz\u00f3n de su esposo? El marido podr\u00e1 ser obrero, agricultor, profesional, hombre de letras o de ciencias, artista, empleado, funcionario; en todos los casos es inevitable que su trabajo se ejercite la mayor parte del tiempo fuera de casa, o que en casa permanezca confinado en el silencio continuado de su estudio, que escapa a la vida de familia. Para \u00e9l el hogar dom\u00e9stico ser\u00e1 el lugar en donde, al final del trabajo diario, restaurar\u00e1 sus fuerzas f\u00edsicas y morales en el reposo, en la calma, en la alegr\u00eda \u00edntima. Para la mujer, en cambio, ordinariamente, este hogar ser\u00e1 siempre el refugio y el nido de su labor principal, de aquella labor que poco a poco har\u00e1 de este retiro, por pobre que sea, una \u201ccasa\u201d de alegre y tranquila convivencia, embellecida, no con muebles o con objetos como un hotel, sin estilo ni sello personal, sin expresi\u00f3n propia, sino con recuerdos, que dejan sobre los muebles o fijan en las paredes la memoria de la vida vivida juntos, los gustos, los pensamientos, las alegr\u00edas y las penas comunes, trazas y se\u00f1ales, a veces visibles, algunas casi imperceptibles, pero de las que, con el ala del tiempo, el hogar material sacar\u00e1 su alma. Pero el alma de todo, ser\u00e1 la mano y el arte femenino, con el que la esposa har\u00e1 atrayente todo rinc\u00f3n de la casa, si no con otra cosa, por lo menos con el cuidado, con el orden y con la limpieza, con tener preparado o preparar todo lo necesario en el momento oportuno: el manjar para reponerse de las fatigas, el lecho para el descanso. A la mujer, m\u00e1s que al hombre, ha concedido Dios el don, con el sentido de la gracia y del agrado, de hacer lindas y agradables las cosas m\u00e1s sencillas, precisamente porque ella, hecha semejante al hombre como ayuda para formar con \u00e9l la familia, ha nacido hecha para derramar la gentileza y la dulzura en torno al hogar de su marido, y hacer que la vida de los dos se armonice y se afirme fecunda, y florezca en su real desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Y cuando a la esposa haya concedido el Se\u00f1or en su bondad la dignidad de madre junto a una cuna, el vagido del reci\u00e9n nacido no disminuir\u00e1 ni destruir\u00e1 la felicidad del hogar, antes bien la aumentar\u00e1 y la sublimar\u00e1 con aquella aureola divina con la que los \u00e1ngeles celestiales resplandecen y de donde desciende un rayo de vida que vence a la naturaleza, y a los hijos de los hombres los regenera como hijos de Dios. \u00a1He ah\u00ed la santidad del t\u00e1lamo conyugal! \u00a1He ah\u00ed la elevaci\u00f3n de la maternidad cristiana! \u00a1He ah\u00ed la salvaci\u00f3n de la esposa! Porque la mujer, proclama el gran Ap\u00f3stol Pablo, se salvar\u00e1 en su misi\u00f3n de madre, con tal que permanezca en la fe, y en la caridad, y en la santidad con modestia. Ahora comprender\u00e9is c\u00f3mo \u201cla piedad es \u00fatil para todo, teniendo prometida la vida presente y futura\u201d y siendo, como explica San Ambrosio, el fundamento de todas las virtudes. Una cuna consagra a la madre de familia, y muchas cunas la santifican y glorifican ante el marido y los hijos, ante la Iglesia y la Patria. \u00a1Necias, inconscientes y desgraciadas las madres que se quejan si un nuevo peque\u00f1o se abraza a su pecho y pide alimento a la fuente de su seno! Es contrario a la felicidad del hogar dom\u00e9stico el lamentarse de la bendici\u00f3n de Dios, que le rodea y aumenta. El hero\u00edsmo de la maternidad es orgullo y gloria de la esposa cristiana; en la desolaci\u00f3n de su casa, si se halla sin la alegr\u00eda de un angelito, su soledad se convierte en oraci\u00f3n e invocaci\u00f3n al cielo; sus l\u00e1grimas se juntan al llanto de Ana, que, a la puerta del templo, suplicaba al Se\u00f1or el don de su Samuel.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. P\u00edo XII,&nbsp;<em>Discurso del 25 de Febrero de 1942<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Es cierto e indudable que, para la felicidad de un hogar dom\u00e9stico, la mujer puede m\u00e1s que el hombre. 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