{"id":711,"date":"2022-07-19T07:30:00","date_gmt":"2022-07-19T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=711"},"modified":"2022-07-13T20:11:33","modified_gmt":"2022-07-13T23:11:33","slug":"la-mujer-en-la-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/la-mujer-en-la-familia\/","title":{"rendered":"La mujer en la familia"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Beato-Carlos-de-Austria-52.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"355\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Beato-Carlos-de-Austria-52.jpg?resize=500%2C355&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-712\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Beato-Carlos-de-Austria-52.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Beato-Carlos-de-Austria-52.jpg?resize=300%2C213&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Beato-Carlos-de-Austria-52.jpg?resize=423%2C300&amp;ssl=1 423w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La familia tiene un sol propio: la esposa. Pero, \u00bfqu\u00e9 sucede cuando la familia est\u00e1 privada de este sol? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 aquella generosa delicadeza y aquel tierno cari\u00f1o, cuando ella, en vez de crear con una sencillez natural y prudente una atm\u00f3sfera de agradable serenidad en la mansi\u00f3n dom\u00e9stica, toma una actitud de inquieta, nerviosa y exigente se\u00f1ora, muy de moda? \u00bfEs esto un esparcir ben\u00e9volos y vivificantes rayos solares, o m\u00e1s bien un congelar con viento glacial del norte el jard\u00edn de la familia? \u00bfQui\u00e9n se extra\u00f1ar\u00e1 entonces de que el hombre, no encontrando en aquel hogar nada que le atraiga, le retenga y consuele, se aleje lo m\u00e1s posible, provocando al mismo tiempo el alejamiento de la mujer, de la madre, cuando no es m\u00e1s bien el alejamiento de la mujer el que prepara el del marido; uno y otra, encamin\u00e1ndose as\u00ed a buscar en otra parte, con grave peligro espiritual y con perjuicio de la trabaz\u00f3n familiar, el descanso, el reposo, el placer que no les concede la propia casa? \u00a1En este estado de cosas, los m\u00e1s desventurados son, sin duda, los hijos!<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed, esposas, hasta d\u00f3nde puede llegar vuestra parte de responsabilidad en la concordia de la felicidad dom\u00e9stica. Si a vuestro marido y a su trabajo corresponde procurar y hacer estable la vida de vuestro hogar, a vosotras y a vuestro cuidado pertenece el rodearlo de un bienestar conveniente y el asegurar la pac\u00edfica serenidad com\u00fan de vuestras dos vidas. Esto es para vosotras no s\u00f3lo una obligaci\u00f3n natural, sino un deber religioso y un ejercicio de virtudes cristianas con cuyos actos y m\u00e9ritos, crec\u00e9is en el amor y en la gracia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Pero -dir\u00e1 tal vez alguna de vosotras- de esa manera se nos pide una vida de sacrificio!\u201d S\u00ed; vuestra vida es vida de sacrificio, pero no s\u00f3lo de sacrificio. \u00bfCre\u00e9is, acaso, que en este mundo se puede gozar una verdadera y s\u00f3lida felicidad sin conquistarla con alguna privaci\u00f3n o renuncia? \u00bfPens\u00e1is que en alg\u00fan rinc\u00f3n de este mundo se encuentra la plena y perfecta dicha del Para\u00edso terrestre? \u00bfY cre\u00e9is tal vez que vuestro marido no tiene tambi\u00e9n que hacer sacrificios, a veces muchos y graves, para procurar un pan honrado y seguro a la familia? Precisamente, estos mutuos sacrificios, soportados juntos y con rec\u00edproca utilidad, dan al amor conyugal y a la felicidad de la familia su cordialidad y firmeza, su santa profundidad y aquella exquisita nobleza que se imprime en el rec\u00edproco respeto de los c\u00f3nyuges y que los exalta en el afecto y en la gratitud de los hijos. Si el sacrificio materno es el m\u00e1s agudo y doloroso, lo templa la virtud de lo alto. De su sacrificio aprende la mujer a tener compasi\u00f3n de los dolores del pr\u00f3jimo. El amor a la felicidad de su casa, no la cierra en s\u00ed misma; el amor de Dios, que en su sacrificio la eleva sobre s\u00ed misma, le abre el coraz\u00f3n a la piedad y la santifica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPero -se objetar\u00e1 tal vez todav\u00eda- la moderna estructura social, obrera, industrial y profesional, empuja a muchas mujeres, aun casadas, a salir fuera de la familia y a entrar en el campo del trabajo y de la vida p\u00fablica\u201d. Nos no lo ignoramos, queridas hijas. Es muy dudoso si esa condici\u00f3n de cosas constituye para una mujer casada lo que se dice el ideal. Sin embargo, hay que tener en cuenta el hecho. Con todo, la Providencia, siempre vigilante en el gobierno de la humanidad, ha insertado en el esp\u00edritu de la familia cristiana fuerzas superiores capaces de mitigar y vencer la dureza de semejante estado social y de prevenir los peligros que indudablemente se esconden en \u00e9l. \u00bfNo hab\u00e9is observado tal vez c\u00f3mo el sacrificio de una madre, que por especiales motivos debe, adem\u00e1s de sus deberes dom\u00e9sticos, ingeniarse para procurar, a costa de un duro trabajo cotidiano, el sustento de la familia, no s\u00f3lo conserva, sino que alimenta y aumenta en los hijos la veneraci\u00f3n y el amor hacia ella, y da fuerzas a su gratitud por sus afanes y fatigas, cuando el sentimiento religioso y la confianza en Dios constituyen el fundamento de la vida familiar?<\/p>\n\n\n\n<p>Si es ese el caso en vuestro matrimonio, unida la plena confianza en Dios, que ayuda siempre al que le teme y sirve, unid, en las horas y d\u00edas que podr\u00e9is consagrar enteramente a vuestros seres queridos, un doble amor y un celoso cuidado, no s\u00f3lo para asegurar el m\u00ednimo indispensable para la verdadera vida de familia, sino para hacer que se desprendan de vosotras, hacia el coraz\u00f3n del marido y de los hijos, rayos luminosos de sol que conforten, abriguen y fecunden, aun en las horas de la separaci\u00f3n externa, la trabaz\u00f3n espiritual del hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. P\u00edo XII,&nbsp;<em>Discurso del 11 de marzo de 1942<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu La familia tiene un sol propio: la esposa. 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