{"id":714,"date":"2022-07-20T07:30:00","date_gmt":"2022-07-20T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=714"},"modified":"2022-07-14T19:05:19","modified_gmt":"2022-07-14T22:05:19","slug":"la-mision-del-marido-en-la-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/la-mision-del-marido-en-la-familia\/","title":{"rendered":"La misi\u00f3n del marido en la familia"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A05.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"351\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A05.jpg?resize=500%2C351&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-715\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A05.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A05.jpg?resize=300%2C211&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Misa-Tridentina-A05.jpg?resize=427%2C300&amp;ssl=1 427w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">En la uni\u00f3n conyugal el hombre es cabeza de la mujer y, de ordinario, la supera en fuerza y en vigor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestra perfecci\u00f3n de jefes de familia no consiste solamente en la realizaci\u00f3n de los trabajos pertinentes a vuestra profesi\u00f3n, a vuestro oficio, a vuestro arte particular, dentro o fuera de la casa; en la misma, que es el dominio de vuestra mujer, ten\u00e9is tambi\u00e9n una activa parte que realizar. Vosotros, m\u00e1s fuertes; vosotros, frecuentemente m\u00e1s h\u00e1biles en el uso de los instrumentos y de las herramientas; vosotros, en el arreglo de vuestra casa, encontrar\u00e9is lo primero de todo y, en muchos peque\u00f1os trabajos, tiempo y lugar para cosas que son m\u00e1s propias del hombre que de la mujer. No ser\u00e1n faenas y quehaceres como los de vuestro oficio, oficina o taller donde sol\u00e9is ir, ni ser\u00e1n tampoco indignos de vuestra dignidad: ser\u00e1n, sin embargo, una participaci\u00f3n cuidadosa en las atenciones de vuestra mujer, sobrecargada, con frecuencia, de cuidados y de trabajos; un echar una mano amigablemente para levantar un peso, que ser\u00e1 para ella una ayuda y para vosotros casi una distracci\u00f3n y un cambiar de ocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los grandes beneficios sociales de los tiempos pasados fue aquel trabajo a domicilio, entonces tan com\u00fan a\u00fan entre los hombres, que un\u00eda al marido y a la mujer en un mismo trabajo, uno junto a otro, en una misma casa, junto al hogar de los hijos. Pero el progreso de la t\u00e9cnica, el gigantesco engrandecerse de las f\u00e1bricas y de las oficinas, el dominador multiplicarse de toda clase de m\u00e1quinas han hecho hoy tal trabajo dom\u00e9stico muy raro fuera del campo y, muchas veces, han obligado y separado al uno del otro a los padres y les han arrastrado lejos de los hijos durante muchas horas del d\u00eda&#8230; Pero, por muy imperiosa que pueda ser, \u00a1oh hombres!, la ocupaci\u00f3n de aquel trabajo que os entretiene gran parte del d\u00eda lejos de las personas amadas, Nos no dudamos de que al fervor de vuestro afecto le quedar\u00e1n todav\u00eda fuerzas, habilidad y cuidado para los peque\u00f1os servicios dom\u00e9sticos, que os procurar\u00e1n la m\u00e1s cordial y ben\u00e9vola gratitud cuanto m\u00e1s se note que lo hac\u00e9is superando todo el cansancio y el deseo de reposo, gracias a aquella condescendencia para ayudar tambi\u00e9n en las peque\u00f1as necesidades de la familia, que une a todos en el procur\u00e1rselos y gozar sus bienes.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Y no es que en la vida familiar jam\u00e1s haya ocasiones m\u00e1s dif\u00edciles, horas y tiempos que mezclan alegr\u00edas y tristezas, penas y sudores, incomodidades y l\u00e1grimas: horas de nacimiento, de enfermedades, de lutos. Entonces s\u00ed que habr\u00e1 m\u00e1s que hacer. Entonces la mujer no podr\u00e1 de ning\u00fan modo, o solamente con dificultad y con tremenda fatiga, satisfacer los m\u00faltiples deberes, convertidos en m\u00e1s graves y urgentes. Entonces todos los de casa tendr\u00e1n que hacer todo lo que puedan, aun los peque\u00f1os con sus peque\u00f1as ayudas, pero el primero que se ha de poner al trabajo, \u00bfno es acaso el padre, el jefe de familia, el que en los momentos dif\u00edciles tendr\u00e1 que dar ejemplo de prestarse, prevenir y proveer, empleando, sin ahorro e inmediatamente, su propia persona?<\/p>\n\n\n\n<p>En estas ocasiones y dificultades se mostrar\u00e1 la sabia dignidad paterna en el vigor de su acci\u00f3n eficaz en el gobierno de la familia. A tan importantes e inevitables pruebas os hab\u00e9is de preparar, \u00a1oh esposos!, confirmando vuestro \u00e1nimo y vuestra mente, porque el porvenir que os aguarda dif\u00edcilmente ser\u00e1 diverso del com\u00fan de todos los hogares. Por lo que pasa a los otros, aprended a iluminaros y a guiaros a vosotros mismos. Y que os ilumine y gu\u00ede tambi\u00e9n el curso diario de la vida cotidiana. Dentro del recinto de vuestra casa no os deteng\u00e1is en calcular, medir o comparar para ver qui\u00e9n se cansa o afana m\u00e1s, qui\u00e9n da m\u00e1s su tiempo y sus fuerzas. El verdadero amor no sabe de estos c\u00e1lculos, de estas comparaciones: se da estimando siempre poco lo que se hace por quien se ama. Por eso no os admir\u00e9is si el Ap\u00f3stol de las Gentes, tan lleno tambi\u00e9n en su mente y en su coraz\u00f3n de la caridad de Cristo hasta levantarla sobre las profec\u00edas, sobre los misterios y la fe de los milagros, sobre las lenguas y la ciencia, sobre la liberalidad para con los pobres y la entrega al martirio, no temi\u00f3 comparar el amor de los maridos hacia sus mujeres con el amor de Cristo para con la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh, s\u00ed!; amad a vuestras mujeres. Les sois responsables de este deber del amor como del m\u00e1s alto y necesario don, porque en este don est\u00e1 la tutela de la castidad conyugal y de la paz familiar; porque en este amor se confirma la fidelidad, se glorifica la prole, se perpet\u00faa inviolable el sacramento de la presencia de Dios. Santificad a vuestras mujeres con el ejemplo de vuestra virtud; concededles el honor de que os imiten en el bien y en la vida religiosa, en la asidua laboriosidad y en la intrepidez en los momentos duros y en los no leves sufrimientos que no faltan en la vida humana. \u00bfPodr\u00eda, acaso, el esposo olvidar qu\u00e9 pesos y dolores y, a veces, qu\u00e9 peligros y sublimes sacrificios representa para su esposa aquella maternidad que le dar\u00e1 a \u00e9l el gozo de ser y de llamarse padre? Y all\u00ed donde el amor maternal le ha hecho a ella aceptarlo todo sin poner nada en la cuenta, \u00bfel amor conyugal y paterno, le permitir\u00e1 a \u00e9l escatimar su propia entrega?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh, hombres!, volved la mirada a Nazareth, entrad en aquella peque\u00f1a y modesta morada. Mirad a aquel, carpintero, custodio sant\u00edsimo de los secretos divinos, que con sus sudores sustenta a la familia humilde y elevada m\u00e1s que la de los C\u00e9sares de Roma; observad con qu\u00e9 veneraci\u00f3n y respeto ayuda y venera a aquella Madre, su esposa inmaculada y pura; mirad al que se cree \u201cHijo del carpintero\u201d, Virtud y Sabidur\u00eda omnipotente que hizo el cielo y la tierra y sin el cual nada se ha hecho, como ning\u00fan hombre puede sin \u00c9l hacer nada, y que, sin embargo, no se desde\u00f1a de los peque\u00f1os servicios de la casa y del taller, y de estar sometido a Mar\u00eda y a Jos\u00e9; contemplad un tan grande modelo de santa vida familiar, espect\u00e1culo que maravilla a las jerarqu\u00edas ang\u00e9licas, que lo adoran. Ojal\u00e1 que esta contemplaci\u00f3n conserve en vuestros corazones aquellos sentimientos de grata y tierna entrega de vosotros mismos, que en sus diarias manifestaciones constituir\u00e1n vuestro generoso concurso al bien y a la tranquilidad de la casa. Si en la vida profesional cre\u00e9is que es honor vuestro no huir de ninguna responsabilidad que os toque, sea tambi\u00e9n en vuestra vida cristiana noble franqueza y orgullo de vuestra conciencia el tomar con amplitud y amor aquella porci\u00f3n de colaboraci\u00f3n y de cuidado, que es vuestra, para formar la felicidad dom\u00e9stica.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. P\u00edo XII,&nbsp;<em>Discurso del 15 de abril de 1942<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu En la uni\u00f3n conyugal el hombre es cabeza de la mujer y, de ordinario, la supera en fuerza y en vigor.&nbsp; Vuestra perfecci\u00f3n de jefes de familia no consiste solamente en la realizaci\u00f3n de los &hellip; <a href=\"https:\/\/arcadei.org\/blog\/la-mision-del-marido-en-la-familia\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[99,79,41,43,61,89,76,66,141,139,42,147,19,81,16,71,3,53,38,95],"class_list":["post-714","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-abnegacion","tag-caridad","tag-deber-de-estado","tag-ejemplo","tag-familia","tag-fidelidad","tag-hijos","tag-hogar","tag-laicos","tag-matrimonio","tag-meditacion","tag-paternidad","tag-paz","tag-presencia-de-dios","tag-pruebas","tag-sacramentos","tag-santidad","tag-union-con-dios","tag-virtudes","tag-vocacion"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pg77Cv-bw","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/714","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=714"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/714\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":716,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/714\/revisions\/716"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=714"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=714"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=714"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}