{"id":730,"date":"2022-07-25T07:30:00","date_gmt":"2022-07-25T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=730"},"modified":"2022-07-16T18:50:45","modified_gmt":"2022-07-16T21:50:45","slug":"santa-ana-abuela-de-nuestro-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/santa-ana-abuela-de-nuestro-senor\/","title":{"rendered":"Santa Ana, abuela de Nuestro Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Santa-Ana-01.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"369\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Santa-Ana-01.jpg?resize=369%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-731\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Santa-Ana-01.jpg?w=369&amp;ssl=1 369w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Santa-Ana-01.jpg?resize=221%2C300&amp;ssl=1 221w\" sizes=\"auto, (max-width: 369px) 100vw, 369px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Uniendo Ana a la sangre de reyes la de Pont\u00edfices, aparece m\u00e1s gloriosa todav\u00eda por su incomparable descendencia. M\u00e1s noble que todas las que han concebido en virtud del \u201ccreced y multiplicaos\u201d termina en ella la ley de la generaci\u00f3n de toda carne como llegada a su l\u00edmite, como ante el vest\u00edbulo de Dios. Es el propio Dios quien debe nacer del fruto de su descendencia, hijo, ac\u00e1 abajo, \u00fanicamente de la Virgen bendita y nieto al mismo tiempo de Ana y Joaqu\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de haber sido favorecidos con la m\u00e1s alta bendici\u00f3n que uni\u00f3n humana haya podido recibir, los dos santos abuelos del Verbo encarnado conocieron el dolor que purifica al alma. Tradiciones que se remontan a los or\u00edgenes del cristianismo, nos muestran a los ilustres esposos sumidos en la prueba de una prolongada esterilidad, expuestos por causa de la misma al desd\u00e9n del pueblo, a Joaqu\u00edn, rechazado del templo, ocultando su tristeza en el desierto, y a Ana, solitaria, llorando su viudez y su humillaci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 sentimientos tan exquisitos los de este relato, comparables a los m\u00e1s hermosos que nos han legado los Sagrados Libros!<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>\u201cCierto d\u00eda en que se celebraba una gran solemnidad del Se\u00f1or, Ana, a pesar de su profunda tristeza, despoj\u00f3se de su vestido de duelo, adorn\u00f3 su cabeza, y se engalan\u00f3 con sus vestiduras nupciales. Hacia la hora Nona descendi\u00f3 al jard\u00edn para pasearse en \u00e9l. Como viese un laurel, sent\u00f3se a su sombra y elev\u00f3 su plegaria en presencia del Se\u00f1or Dios, dici\u00e9ndole: \u00a1Dios de mis padres, bend\u00edceme y escucha mis s\u00faplicas de la misma manera que bendijiste a Sara d\u00e1ndole un hijo!<\/p>\n\n\n\n<p>Y elevando sus ojos al cielo vio sobre las ramas del laurel un nido de pajarillos. Entonces exclam\u00f3 gimiendo: \u00a1Ay de m\u00ed, desgraciada! \u00bfQu\u00e9 seno me ha llevado para ser de esta manera maldici\u00f3n de Israel?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCon qui\u00e9n me comparar\u00e9? No puedo hacerlo con los pajarillos del cielo porque ellos han sido bendecidos por ti, Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCon qui\u00e9n me comparar\u00e9? Tampoco puedo compararme con los animales de la tierra porque tambi\u00e9n ellos son fecundos ante ti, Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCon qui\u00e9n me comparar\u00e9? No puedo compararme con las aguas porque ellas de ninguna manera son est\u00e9riles, como yo, en tu presencia, Se\u00f1or, pues los r\u00edos y los oc\u00e9anos abundantes de peces, te alaban con su oleaje y con su curso apacible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCon qui\u00e9n me comparar\u00e9? Ni siquiera puedo compararme a la tierra misma porque tambi\u00e9n ella produce sus frutos a su debido tiempo bendici\u00e9ndote de esta manera, \u00a1oh, Se\u00f1or!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nacimiento de Nuestra Se\u00f1ora<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn esto, apareci\u00e9ndosele un \u00e1ngel del Se\u00f1or le dijo: Ana, Dios ha escuchado tu oraci\u00f3n; concebir\u00e1s y dar\u00e1s a luz, y tu fruto ser\u00e1 celebrado en toda la tierra habitada.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegado que hubo el tiempo del alumbramiento Ana tuvo una hija y exclam\u00f3: Mi alma ha sido ensalzada en esta hora. Y p\u00fasole por nombre a la ni\u00f1a, Mar\u00eda. Y cuando estaba d\u00e1ndole el pecho enton\u00f3 este c\u00e1ntico al Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Cantar\u00e9 las alabanzas del Se\u00f1or mi Dios, porque me ha visitado, ha quitado mi oprobio d\u00e1ndome un fruto Santo. \u00bfQui\u00e9n anunciar\u00e1 a los hijos de Rub\u00e9n que Ana ha dejado de ser est\u00e9ril. Escuchad, atended vosotras, las doce tribus: \u00a1Ana est\u00e1 criando!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Joaqu\u00edn, avisado sobrenaturalmente por el cielo para que abandonase el desierto, encontr\u00f3 a su esposa bajo la puerta Dorada que da acceso al templo por la parte de Oriente. No lejos de all\u00ed, junto a la piscina Prob\u00e1tica, donde los corderos destinados al sacrificio lavaban sus blancos vellones antes de ser ofrecidos al Se\u00f1or, se levanta en nuestros d\u00edas la bas\u00edlica restaurada de Santa Ana, llamada primitivamente Santa Mar\u00eda de la Natividad. All\u00ed, en la quietud del para\u00edso fue donde germin\u00f3, sobre la ra\u00edz de Jes\u00e9, aquel tallo bendito saludado por el Profeta y portador de la flor divina abierta en el seno del Padre antes que comenzasen a existir los siglos. S\u00e9foris, ciudad de Ana, y Nazaret, lugar donde vivi\u00f3 Mar\u00eda, disputan, es cierto, a la ciudad santa el honor que reclaman en su favor antiguas y constantes tradiciones. Mas nuestros homenajes, ciertamente, no ser\u00e1n perdidos al dirigirlos en este d\u00eda a la bienaventurada Ana, verdadero campo incontestable de prodigios cuyo recuerdo renueva la alegr\u00eda de los cielos, el furor de Satan\u00e1s y el triunfo del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh Santa Ana!; m\u00e1s feliz t\u00fa, que la esposa de Elcan\u00e1, cuyo nombre llevas, y que fue figura tuya por las mismas pruebas, cantar\u00e1s desde este momento las grandezas del Se\u00f1or. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ahora la altiva sinagoga que te despreci\u00f3? La descendencia de la est\u00e9ril es hoy innumerable. Y todos nosotros, conducidos por nuestra Madre, venimos gozosos a presentarte en este d\u00eda nuestras ofrendas. \u00a1Qu\u00e9 fiesta hay m\u00e1s enternecedora que la de la abuela, en la que, como hoy se le acercan los nietos a darle sus respetos y amor!<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Uniendo Ana a la sangre de reyes la de Pont\u00edfices, aparece m\u00e1s gloriosa todav\u00eda por su incomparable descendencia. 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