El consuelo prometido

Fragmento:

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.”

— Mateo 5, 4.

Reflexión:

Las lágrimas del justo no son en vano. Dios las recoge y las convierte en consuelo. Quien sufre con fe experimenta la cercanía del Señor y anticipa ya en la tierra la esperanza del cielo.


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