Fragmento:
“La gracia de Dios no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona.”
— Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q.1, a.8.
Reflexión:
Dios no anula lo humano, lo eleva. La gracia ilumina nuestra inteligencia, fortalece la voluntad y sana las heridas del corazón. Cuando nos abrimos a la acción de Dios, descubrimos que Él hace nuevas todas las cosas en nosotros.
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