El criado no es más que su amo

Publicado por: Servus Cordis Iesu

No nos contentemos sólo con leer estas cosas de Cristo: mantengámoslas en nuestros pensamientos: la corona de espinas, el manto púrpura, la caña, los golpes, las bofetadas en las mejillas, los esputos, el ridículo. Si continuamente las ponderamos, tales cosas bastarán para frenar por completo nuestra ira. Si se burlan de nosotros, si somos tratados injustamente, sigamos diciendo: El criado no es más que su amo.

Recordemos también lo que le dijeron los judíos, con palabras llenas de ira: Tienes un demonio; eres un samaritano; y, por arte de Belcebú echas los demonios. Soportó todos estos sufrimientos para que siguiéramos sus pasos y para que tolerásemos la burla, el insulto que más hiere.

Y no sólo soportó la burla con paciencia, sino que puso todo su empeño en salvar y en liberar del castigo que los aguardaba a quienes estaban infligiéndole estos sufrimientos. Digo esto, porque envió a los apóstoles para llevar a cabo también la salvación de estos hombres. Puedes oírlos decir: sabemos que lo hicisteis por ignorancia, y de este modo los atraían al arrepentimiento. Imitemos también esto: nada complace a Dios tanto como que amemos a nuestros enemigos y hagamos bien a quienes nos tratan mal.

Cuando alguien te insulte, no tengas resentimiento contra él, sino contra el demonio que le está tentando para que haga eso. Desahoga tu cólera con el demonio, pero compadece al hombre al que él tienta. Pues, si el mentir viene del demonio, de la misma fuente procede aún más mostrar ira sin motivo. Cuando veas que alguien se ríe de ti, piensa que es el demonio quien lo está tentando: la burla no es propia de cristianos. Aquel a quien se ha pedido que llore y ha oído: ¡Ay de los que ahora reís!, y que no obstante nos insulta, se ríe de nosotros y alimenta el fuego de su ira, es digno, no de que lo insultemos, sino de que lo compadezcamos, ya que Cristo se conmovió incluso al pensar en Judas.

Llevemos, pues, todas estas consideraciones a la práctica con nuestros actos. Si no hacemos así, sin propósito y en vano hemos venido al mundo, o mejor hemos venido para servir al mal.

Fuente: De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Juan