Creo en Dios Padre Todopoderoso (III)
Posted by: Nycticorax

Iº Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra
(Continuamos desarrollando el primer artículo)
3º) Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra (continuación):
(…) Pero Adán no perdió para él solo la gracia y la felicidad; las perdió para todos sus descendientes. Adán, cabeza física y moral de la humanidad, tenía por misión transmitir a sus descendientes, junto con la vida natural, la sobrenatural, como un bien de familia cuya administración le estaba encomendada. Por desgracia, el padre y representante del género humano pecó, y por el pecado perdió para sí y para su posteridad la vida de la gracia. Privado de esta herencia común, no pudo ya transmitirla a sus descendientes.
Nacemos, pues, privados de la gracia de Dios, desheredados del cielo, y sujetos a numerosas miserias. Este estado de desgracia, en que nacemos por culpa del pecado de Adán, llámase pecado original, que no es un pecado actual, sino un estado de pecado y de desgracia, resultante de la rebelión de nuestro primer padre contra Dios.
Los únicos entre los descendientes de Adán que no contrajeron el pecado original, son Jesús y su bendita Madre, María. El Hijo de Dios, la Santidad misma, no podía unirse a una naturaleza manchada; María, destinada a ser Madre de Dios, fue exceptuada de la ley universal, por privilegio y en virtud de los méritos futuros del Redentor.
Nada más fácil que justificar este dogma del pecado original. ¿Qué hubiera sucedido si antes de tener hijos Adán se hubiera suicidado? Hubiera matado en su persona a todo el género humano. No siendo más que un cadáver, no hubiera podido dar la vida corporal a los que debían nacer de él. El género humano quedaba, pues, sepultado en una muerte eterna, a menos que Dios, autor de la vida, no interviniera para resucitar a Adán.
De la misma suerte, cometiendo el suicidio espiritual del pecado, el jefe de la humanidad hirió de muerte espiritual a toda su raza. Sus hijos podían nacer todavía según la carne y recibir de él la vida corporal, pero no la vida espiritual, perdida en su fuente.
Sin embargo, Dios se compadeció del género humano, y prometió a Adán un redentor que expiara su culpa y le devolviera la gracia perdida. Conservó en la humanidad la esperanza de este redentor, mediante promesas, figuras y profecías.
Fuente: P. A. Hillaire, La Religión Demostrada

