La Inmaculada Concepción de María (y IV)
Posted by: Juan Sobiesky

Salutación y súplica. - «Ave, María, llena de gracia, más santa que los santos, más excelsa que los Cielos, más gloriosa que los serafines, y más digna de veneración que toda criatura. Ave, paloma que traes a la vez que el fruto del Olivo, a Aquel que nos salvó del espiritual diluvio. Ave, amenísimo paraíso de Dios, donde florece el árbol vivífico que presta inmortalidad a los que gustan de su fruto. Ave, purísimo e inmaculado palacio del Sumo Rey, en el que se encuentra el espiritual tálamo del Esposo, y en donde el Verbo se desposó con la carne para reconciliar con el Padre a los que fueron desterrados por la culpa. Ave, monte divino, pingüe y umbroso, en el cual se nutrió el Cordero de Dios, para cargar con nuestros pecados y miserias; monte del cual fue tallada aquella piedra que quebró las aras de los ídolos y vino a quedar constituida en piedra angular. Ave, trono de Dios, propiciatorio de todo el orbe, y cielo que canta la gloria del Altísimo. Ave, urna de oro, que contiene la dulcedumbre suavísima de nuestras almas, el verdadero maná, Cristo Jesús.
¡Oh Virgen Purísima y digna de todo loor y obsequio, tierra virgen, campo sin arar, vid floridísima, fuente ubérrima, Virgen fecunda y Madre que no conoce varón, tesoro escondido de inocencia y decoro de la santidad! Con tus preces, siempre aceptables y siempre poderosas por la autoridad de que como Madre gozas ante el Señor y Dios Creador de todas las cosas, Hijo tuyo, engendrado por Ti sin padre, dirige la navecilla de la Iglesia y condúcela a puerto tranquilo. Reviste a los sacerdotes de justicia y del gozo de la firme, inmaculada y sincera fe.
A tus devotos líbrales de toda desgracia y angustia. Redime a los cautivos. Constitúyete en techo de los peregrinos y en consuelo de todos los que necesitan de amparo. Extiende tu mano auxiliadora sobre todo el mundo, a fin de que con alegría y regocijo asistamos a tus solemnidades y a ésta que hoy celebramos en Cristo Jesús, Rey universal y verdadero Dios nuestro, al cual sea gloria y fortaleza, juntamente con el Padre, sagrado Principio de vida y con el coeterno y consubstancial y correinante Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.» (3º nocturno.)
Pensamiento para la Comunión
Gloriosas cosas se han dicho de Ti... - ¿Quién podrá concebir el estremecimiento que sobrecogería a la tierra en el momento en que aquel germen santo de vida, el Alma de la Madre de Dios, caería en su seno? Sólo sería excedido por aquel otro más augusto todavía, en que el suelo fértil de la Virgen Nazaretana recibió al Verbo del Padre. Pues bien, este último momento se repite en cada uno de nosotros al comulgar. Si nuestro pecho fuera tierra abonada, como lo fue el de la Santísima Virgen, ¡qué riqueza de fruto daría este germen de vida! Preparémonos, pues, pidiendo a la Virgen Inmaculada sus disposiciones, a fin de que, cuando llegue a nuestro corazón el Hijo de Dios, puedan los ángeles cantar de nuestra alma lo que cantaron del Alma de María: «Gloriosas cosas se han dicho de Ti».
Fuente: Joaquín Sanchis Alventosa, o.f.m., Misal Meditado

