Nuestra Señora del Carmen
Posted by: Juan Sobiesky

Ayer celebramos la Memoria de Nuestra Señora del Carmen. Veamos una breve descripción de esa fiesta.
San Simón Stock, de noble familia inglesa, se retiró del mundo a la temprana edad de doce años, en la soledad de un bosque. Durante veinte años, el hueco de una encina, con un crucifijo y una estatua de María por todo ornato, le sirvió de retiro.
Los Carmelitas vinieron a establecerse en Inglaterra por ese tiempo, y Simón entró en su Orden, distinguiéndose bien pronto por sus grandes virtudes. Pasó a Palestina, vivió seis años en las grutas del Carmelo y después fue elegido Superior General de los Carmelitas.
Esta venerable Orden se veía en peligro de perecer, por lo que el Santo Superior imploraba la asistencia especial de María sobre ella.
El 6 de julio de 1251, la Santísima Virgen se le apareció en el esplendor de su gloria, acompañada de una multitud de espíritus celestiales. Con el escapulario en una mano, dijo a su siervo: “Recibe, hijo mío, el hábito de tu Orden, privilegio sagrado para ti y para todos los Religiosos del Carmen, prenda de mi amor materno, pacto de paz y eterna alianza. He aquí un signo de salvación, y salvaguardia en los peligros. El que muera revestido con este habito, no sufrirá las llamas eternas”.
Formando dos pedazos de paño unidos por un cordón, el escapulario, tal como lo llevan los fieles, representa someramente el hábito que cubre la sotana de los Religiosos del Carmen. Simboliza en el orden espiritual, a Jesucristo, quien es el vestido de los cristianos en el orden sobrenatural.
Los hombres de por sí, son pobres en todo género de bienes celestiales; además, el pecado los cubre como de una lepra hedionda. Jamás en este estado podrían presentarse ante la infinita Majestad de Dios, si Jesucristo no los revistiera, por así decirlo, como de un manto de honor, con los méritos adquiridos con el precio de su sangre.
Con el escapulario, los cristianos se cubren con los mismos méritos de la Santísima Virgen. Jesucristo ve en ellos la señal de su Madre y los reconoce como a sus hermanos, pues los ve cubierto con las libreas de María. ¿Podrá el buen Jesús echar mano de su justicia con aquellos que su Madre protege? ¡Cuánta confianza hemos de tener en este “signo de salvación”, en esa “salvaguardia contra los peligros”, en esa “prenda de paz”!
El Soberano Pontífice San Pío X, deseaba ardientemente que se continúe el uso del escapulario de paño. No obstante, según un decreto de 16 de Diciembre de 1910, permite a todos cuantos han recibido el escapulario de paño, reemplazarlo por una medalla de metal que represente de un lado el Sagrado Corazón de Jesús y del otro una imagen de la Santísima Virgen en cualquier advocación. Una sola medalla basta para reemplazar el escapulario pero es preciso que sea bendecida cada vez que se cambia la medalla.
Toda medalla debe tener bendición particular. La medalla así bendita, goza de todas las indulgencias inherentes al escapulario.
Llevemos con respeto y amor el santo escapulario.
Fuente: Hno. Mutien Marie, f.s.c., Cómo amar y hacer amar a María, Ed. Stella, Buenos Aires

