La pureza del corazón

Fragmento:

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.”

— Mateo 5, 8.

Reflexión:

Un corazón limpio es un corazón transparente, que quiere el bien y busca lo que agrada a Dios. La pureza no es debilidad; es fuerza interior que sostiene, ilumina y da una alegría profunda.

La Palabra que salva

Fragmento:

“La palabra de Dios es viva y eficaz.”

— Cfr. Hebreos 4, 12.

Reflexión:

La palabra divina no envejece ni pierde fuerza. Siempre ilumina, siempre llama, siempre despierta el corazón. Meditarla con fe es permitir que Dios hable al alma y la conduzca por caminos de salvación.

La paz del alma humilde

Fragmento:

“En la humildad se encuentra la paz.”

— San Francisco de Sales, Tratado del Amor de Dios, XI, 12.

Reflexión:

La humildad libera el alma de la carga del orgullo y la abre al descanso en Dios. El humilde no lucha por imponerse, sino por amar. Y en ese olvido de sí mismo encuentra la paz que el mundo no puede dar.