Santos Vicente, Diácono, y Anastasio, Mártires

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Triunfó Vicente del fuego, porque la llama de amor que le devoraba por dentro era más ardiente que la que consumía su cuerpo. Te saludamos, oh Diácono Vencedor, que tienes entre tus manos el Cáliz de la salud. En otro tiempo presentábaslo en el altar, para que por las palabras de la consagración fuera trocado su licor en la Sangre de Cristo; ofrecíaslo a los fieles para que todos cuantos tuvieran sed de Dios se saciasen en la fuente de la vida eterna. Hoy, tú mismo lo ofreces a Cristo; está lleno hasta el borde, de tu propia sangre. De esta manera supiste ser un Diácono fiel, llegando a dar tu propia vida en confirmación de los Misterios de que eras dispensador. Tres siglos habían transcurrido desde la Inmolación de Esteban; sesenta años desde que los miembros de Lorenzo eran asados en las parrillas de Roma, levantando un perfume de incienso dulce y acre al mismo tiempo; y ahora en la última de las persecuciones, la víspera del triunfo de la Iglesia, vas a confirmar tú con tu constancia, que la fidelidad de los Diáconos no había desaparecido.

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Santos Fabián, Papa y Sebastián, Mártires

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Los honores de este día recaen sobre dos grandes Mártires: el uno, Pontífice de la Iglesia de Roma; el otro, hijo de esta Iglesia Madre. Fabián recibió la corona del martirio el año 250 bajo la persecución de Decio; Sebastián en la de Diocleciano el año 288. Consideraremos por separado los méritos de ambos atletas de Cristo.

Imitando a sus predecesores San Clemente y San Antero, el Papa Fabián tuvo especial empeño en hacer redactar las Actas de los Mártires; pero la persecución de Diocleciano que hizo desaparecer un gran número de estos preciosos monumentos, nos privó del relato de sus sufrimientos y de su martirio. Sólo han llegado hasta nosotros algunos rasgos de su vida pastoral; pero podemos hacernos una idea de sus virtudes por el elogio que de él hace San Cipriano, llamándole varón incomparable, en una carta que escribió al Papa San Cornelio, sucesor de Fabián. El Obispo de Cartago alaba también la pureza y santidad de vida del Pontífice que supo dominar con frente serena las tempestades que agitaron a la Iglesia de su tiempo. Nos complacemos contemplando aquella cabeza digna y venerable, sobre la que se posó una paloma para señalar al sucesor de Pedro, el día en que se reunió el pueblo y el clero de Roma para la elección de Papa, después del martirio de Antero. Esta semejanza con el hecho de la manifestación de Cristo en el Jordán por medio de la divina paloma, hace todavía más sagrado el carácter de Fabián. Depositario del poder de regeneración que existe en las aguas después del bautismo de Cristo, fue celoso propagador del cristianismo.

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San Marcelo, Papa y Mártir

Publicado por: Servus Cordis Iesu

San Marcelo, Papa y mártir, nació en Roma hacia la mitad del tercer siglo. Como ya florecía en aquella ciudad la religión cristiana, a pesar de las persecuciones horribles de los emperadores paganos, tuvo Marcelo la felicidad de ser criado y educado en el seno de la santa Iglesia. Abrazó el estado eclesiástico; y san Marcelino, que ocupaba entonces la silla de san Pedro, conociendo su extraordinario mérito y su eminente virtud, le hizo presbítero de la iglesia de Roma.

Por éste tiempo, habiendo sido creados emperadores Diocleciano y Maximiano, movieron aquella cruel persecución contra los cristianos, que fue la novena desde el imperio de Nerón, la que hizo derramar tanta sangre de mártires, y llenó de luto a toda la Iglesia. Habiendo sido coronado del martirio san Marcelino el año de 304, vacó la silla de san Pedro cerca de tres años. El furor de la persecución no dejaba libertad a los cristianos para juntarse, y para proceder a la elección del nuevo papa, pero habiéndose mitigado un poco por la renuncia que hicieron del imperio Diocleciano y Maximiano, fue elegido papa san Marcelo.

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San Hilario, Obispo y Doctor de la Iglesia

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Nació san Hilario en Aquitania, entre el año 310 y 320. Fue luego electo obispo de Poitiers, en 353. Perseguía entonces a los católicos el emperador Constancio. Opúsose Hilario con todas sus fuerzas a la herejía arriana, lo que le valió, en 356, el destierro a Frigia. Allí escribió sus doce libros sobre la Trinidad. En 360 se halla en Constantinopla pidiendo permiso al emperador para tener una disputa sobre la fe con los herejes. Estos, para desembarazarse de él, consiguen que se le envíe de nuevo a Poitiers. Gracias a sus desvelos, toda la Galia, condena en el concilio nacional de París, la herejía arriana el año 361. Muere en 368. El 29 de marzo de 1851, Pío IX le declaró Doctor de la Iglesia.

Razón tenía, pues, oh glorioso Hilario, la Iglesia de Poitiers, para dirigirte desde tiempos antiguos, ese magnífico elogio que dedica la Iglesia Romana a tu insigne discípulo Martín: “¡Oh bienaventurado Pontífice, que amaba a Cristo Rey con todas sus entrañas y no se doblegaba ante el peso del deber! ¡Oh alma santísima a quien la espada del perseguidor no separó del cuerpo, sin que por eso dejase de alcanzar la palma del martirio!” Si te faltó la palma, al menos tú no faltaste a la palma; a tu cabeza rodeada ya de la aureola de Doctor, le sienta perfectamente la corona de Mártir que ciñe la frente de tu hermano Eusebio. Tal es la gloria debida a tu valerosa confesión de ese Verbo divino cuyas humillaciones en la cuna honramos durante estos días. Como los Magos, tampoco tú temblaste en presencia de Herodes; y cuando fuiste desterrado a tierras extrañas por las órdenes del César, tu corazón se consolaba pensando en el destierro de Jesús en tierra de Egipto. Alcánzanos la gracia de que también nosotros comprendamos esos divinos misterios.

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San Higinio, Papa y Mártir

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Tiene el Señor gran cuidado de conservar y defender su Iglesia contra todos los esfuerzos del infierno, según sus promesas, especialmente cuando la ve atribulada y afligida; bajo cuyo supuesto, en aquellos calamitosos tiempos en que fueron muchos y muy poderosos sus enemigos, fue muy particular su vigilancia en proveerla de prelados santos, sabios y valerosos, que sin temor de la muerte la defendiesen con brío, y animasen a los fieles con su ejemplo. De esta clase fue san Higinio, griego de nación, natural de Atenas, hijo de un filósofo. Por su eminente virtud y recomendables prendas, ascendió a la catedra apostólica por muerte de san Telesforo, hacia la mitad del siglo segundo, en el reinado del emperador Antonino Pio.

En tiempo de su pontificado fueron muchas y graves las calamidades del mundo, y con especialidad las del imperio romano; y atribuyendo los gentiles estos males, este castigo de la divina justicia a los vicios y delitos de los cristianos, enemigos de sus dioses, con esta falsa preocupación los perseguían de muerte, con el fin de aplacar el enojo de sus ídolos, a quienes suponían gravemente ofendidos. 

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San Telésforo, Papa y Mártir

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Entre los soldados valerosos de Jesucristo, auxiliares de los apóstoles en la promulgación de la fe, se refieren aquellos esclarecidos varones solitarios, imitadores de los santos profetas Elías y Eliseo, habitantes en el monte Carmelo, donde, en honor de la Santísima Virgen, edificaron un oratorio para darle culto. Los cuales, bien entendidos del cumplimiento literal de los oráculos antiguos en la persona de Cristo, verdadero Mesías, prometido en la ley y en los profetas, predicaban su Evangelio entre los gentiles y judíos esparcidos por Palestina, Samaría y otras provincias. Uno de los profesores de este instituto fue San Telésforo, griego de nación, hombre de eminente santidad, de ingenio sobresaliente y de extraordinaria grandeza de espíritu, cuya fama no sólo ilustró las vastas regiones del Oriente, sino que llegó á Roma, donde, bien conocido su mérito, después de la muerte del papa Sixto I fue electo sumo pontífice en el día 9 del mes de Abril del año 139, en tiempo del imperio de Antonino Pío.

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San Antero, Papa y Mártir

Publicado por: Servus Cordis Iesu

En tiempo en que se hallaba la Iglesia afligida con una de las más crueles persecuciones de los paganos, necesitada de varones sobresalientes en celo, brío y santidad, capaces de oponerse a los poderosos enemigos de la religión cristiana; muerto el sumo Pontífice Ponciano, por universal consentimiento del clero y pueblo romano fue electo para ser su sucesor san Antero, hijo de Rómulo, griego de nación, profesor de la vida eremítica. Era tan distinguido por su santidad, que desde el retiro del desierto llegó la fama de su virtud a la capital del orbe cristiano; bien persuadidos de que un héroe adornado con tan relevantes cualidades era muy a propósito para sostener y defender el rebaño de Jesucristo en tiempo de la tempestad deshecha que sufrían los cristianos por la sangrienta persecución que suscitó contra ellos el emperador Maximino. Colocado en la cátedra apostólica nuestro Santo, acreditó el mérito de su elección, y justificó con pruebas prácticas el alto concepto de santidad y virtud que de su persona había formado la Iglesia romana, que lloró amargamente la brevedad de su pontificado.

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Santo Tomás de Cantorbery, Arzobispo y Mártir

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Santo Tomás Becket nació en Londres el 21 de diciembre de 1117. Archidiácono de Cantorbery, y luego canciller de Inglaterra en 1154, sucedió en 1162 al arzobispo Thibaut. Se opuso con energía a las pretensiones de Enrique II que quería legislar contra los intereses y la dignidad de la Iglesia; tuvo que huir de su país en 1164. Después de su estancia en Pontigny donde recibió el hábito cisterciense y en Sens, pudo volver a entrar en Inglaterra en 1170, gracias a la intervención del Papa Alejandro III; pero fue para recibir allí la palma del martirio en su iglesia catedral, el 29 de diciembre de 1170. Alejandro III le canonizó el 21 de febrero de 1173.

¡Oh glorioso Mártir Tomás, defensor invicto de la Iglesia de tu Señor! A ti acudimos en este día de tu fiesta, para honrar los dones maravillosos que el Señor depositó en tu persona. Hijos de la Iglesia, nos complacemos contemplando al que tanto la amó y que tuvo en tanta estima el honor de la Esposa de Cristo, que no temió dar su vida para asegurar su independencia. Por haber amado así a la Iglesia, aun a costa de tu tranquilidad, de tu felicidad personal, de tu misma vida; por haber sido tu sublime sacrificio el más desinteresado de todos, la lengua de los malvados y de los cobardes se desató contra ti y tu nombre fue con frecuencia blasfemado y calumniado. ¡Oh verdadero Mártir, digno de absoluto crédito en su testimonio pues sólo habla y resiste en contra de sus propios intereses terrenos! ¡Oh Pastor asociado a Cristo en el derramamiento de la sangre y en la liberación de la grey!, queremos resarcirte del menosprecio que te prodigaban los enemigos de la Iglesia; queremos amarte más que lo que ellos, en su impotencia, te odiaron. Te pedimos perdón por los que se avergonzaron de tu nombre, mirando tu martirio como un escándalo en los Anales de la Iglesia.

¡Cuán grande es tu gloria, oh fiel Pontífice, al ser escogido con Esteban, Juan y los Inocentes para acompañar a Cristo en el momento de su entrada en este mundo! Bajado a la arena sangrienta a la hora undécima, no perdiste el galardón que recibieron tus hermanos de la primera hora; antes bien, eres grande entre los Mártires. Eres, pues, poderoso sobre el corazón del divino Niño que nace en estos mismos días para ser Rey de los Mártires. Haz que, con tu asistencia, podamos llegar hasta él. Como tú, nosotros también queremos amar a su Iglesia, a esa su querida Iglesia, cuyo amor le ha obligado a bajar del cielo, a esa Iglesia que tan dulces consuelos nos depara en la celebración de los excelsos misterios a los que se halla tan gloriosamente ligada tu memoria. Consíguenos la fortaleza necesaria para que no nos asustemos ante ningún sacrificio, cuando se trate de honrar nuestro glorioso título de Católicos.

Prométele de nuestra parte al Niño que nos ha nacido, a Aquel que ha de llevar sobre sus hombros la Cruz en señal de realeza, que, con la ayuda de su gracia, no nos escandalizaremos nunca de su causa, ni de sus campeones; que, dentro de la sencillez de nuestra devoción a la Santa Iglesia a quien nos ha dado por Madre, pondremos siempre sus intereses sobre todos los demás; porque sólo ella tiene palabras de vida eterna, sólo ella tiene el secreto y la autoridad para llevar a los hombres hasta ese mundo mejor que es nuestro único fin, el único que no pasa, mientras que todos los intereses terrenos no son más que vanidad, ilusión, y frecuentemente obstáculos al verdadero fin del hombre y de la humanidad.

Pero, para que esta Santa Iglesia pueda realizar su misión y salir triunfante de tantos lazos como se la tienden por todos los caminos de su peregrinación, tiene ante todo necesidad de Pastores que se parezcan a ti, ¡oh Mártir de Cristo! Ruega, pues, para que el Señor de la viña envíe obreros capaces no sólo de cultivar y de regar, sino también de defenderla de las raposas y del jabalí, que según las Sagradas Escrituras, no cesan de introducirse en ella para devastarla. Vuélvase cada día más potente la voz de tu sangre en estos tiempos de anarquía, en los cuales la Iglesia de Cristo se halla esclavizada en muchos lugares de la tierra, a los que pretendía libertar. Acuérdate de la Iglesia de Inglaterra, que tan lamentablemente naufragó, hace tres siglos, con la apostasía de tantos prelados, víctimas de aquellas mismas ideas que tú combatiste hasta la muerte. Tiéndela la mano, ahora que parece levantarse de sus ruinas, olvida las injurias hechas a tu memoria, al caer la Isla de los Santos en el abismo de la herejía. Finalmente acude en ayuda de la Esposa de Jesucristo, allí donde de cualquier modo se halle comprometida su libertad, asegurándola con tus oraciones y ejemplos un triunfo completo.

Fuente: Dom Próspero Gueranger, El Año Litúrgico