La gloria de los santos

Fragmento:

“La gloria de los santos es fruto de la gracia, pero también de su cooperación fiel con ella.”

— San León Magno, Sermón 2 sobre Todos los Santos.

Reflexión:

Los santos no nacieron perfectos; respondieron con amor a la gracia que Dios les ofrecía. Cada acto de fidelidad, cada sacrificio silencioso, fue formando en ellos la imagen de Cristo. También nosotros estamos llamados a esa cooperación diaria que, con la ayuda de la gracia, nos conduce a la santidad.

La victoria de los santos

Fragmento:

“Estos son los que han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero.”

— Cfr. Apocalipsis 7, 14.

Reflexión:

La santidad no es privilegio de unos pocos, sino llamada universal. Los santos alcanzaron la victoria permaneciendo fieles a Cristo hasta el fin. Siguiendo sus huellas, también nosotros estamos llamados a la gloria eterna.

Santa Bibiana

Santa Bibiana, virgen y mártir

Santa Bibiana (o Viviana) vivió en el siglo IV en Roma, durante una de las últimas y más crueles persecuciones contra los cristianos, bajo el emperador Juliano el Apóstata. Su vida y martirio son testimonio de la fortaleza en la fe y la pureza del corazón frente a las pruebas más extremas.

Contexto histórico

En 361, Juliano el Apóstata, tras haber renegado de la fe cristiana, buscó restaurar el paganismo en el Imperio Romano y desató una persecución particularmente intensa contra los cristianos. Fue en este marco que la familia de Santa Bibiana, perteneciente a la nobleza romana y fiel a Cristo, sufrió la persecución.

Familia cristiana y martirio

Bibiana era hija de Flaviano y Dafrosa, dos cristianos fervorosos. Su padre, un oficial del imperio, fue acusado de ser cristiano y desterrado, muriendo en el exilio a causa de los maltratos. Poco después, Dafrosa, su madre, fue arrestada y decapitada por orden de Aproniano, el prefecto de Roma, que tenía un odio particular hacia los cristianos.

Quedaron entonces Bibiana y su hermana Demetria, huérfanas y privadas de sus bienes, enfrentándose solas al prefecto. Aproniano intentó persuadirlas para que renunciaran a Cristo, pero ambas permanecieron firmes en su fe. Según las actas de su martirio, Demetria murió de forma repentina, probablemente a causa de las penurias sufridas durante el interrogatorio.

Martirio de Santa Bibiana

Santa Bibiana, al quedar sola, fue sometida a nuevas torturas. El prefecto intentó corromper su pureza, enviándola a una casa de mala reputación para obligarla a renegar de su fe. Sin embargo, Bibiana, fortalecida por la gracia divina, conservó su pureza y se mantuvo firme en su fidelidad a Cristo.

Al ver que no lograban doblegarla, fue flagelada brutalmente con látigos cuyas puntas estaban adornadas con plomo. Finalmente, tras soportar el martirio con extraordinaria paciencia y fortaleza, entregó su alma a Dios. Su cuerpo fue abandonado en un lugar público, pero poco después fue recogido por un sacerdote llamado Juan y sepultado junto a los restos de su madre y hermana.

Culto a Santa Bibiana

En el siglo V, el Papa Simplicio (468-483) construyó una basílica en su honor en Roma, sobre el lugar de su sepultura, cerca del monte Esquilino. Este templo, conocido como la Basílica de Santa Bibiana, todavía se conserva y es un lugar de peregrinación.

El Papa Urbano VIII (1623-1644), conocido por su gran interés en promover el culto de los santos y embellecer los templos dedicados a ellos, tuvo un papel importante en la restauración de la iglesia de Santa Bibiana en Roma.

En 1625, Urbano VIII encargó una importante restauración de la basílica de Santa Bibiana. El arquitecto encargado de las obras fue Gian Lorenzo Bernini, uno de los mayores exponentes del arte barroco en Roma. Bernini, además de restaurar y embellecer la iglesia, esculpió una hermosa estatua de Santa Bibiana que todavía se encuentra en el templo. La estatua representa a la santa con una palma, símbolo de su martirio, y una columna, que evoca el lugar donde sufrió su tortura.

El Papa también trasladó solemnemente las reliquias de Santa Bibiana, junto con las de su madre Dafrosa y su hermana Demetria, al altar mayor de la iglesia, asegurando que se conservaran en un lugar digno. Este acto de veneración consolidó la devoción popular hacia la santa y marcó un renacimiento del culto en su honor.

La intervención de Urbano VIII y Bernini hizo de la iglesia de Santa Bibiana un lugar destacado de peregrinación y devoción, y su restauración se inscribió dentro de los esfuerzos de la Contrarreforma por fortalecer la fe católica a través del arte y la liturgia.

Santa Bibiana es especialmente invocada contra los dolores de cabeza y las enfermedades mentales. Su testimonio inspira a los cristianos a perseverar en la fe y la pureza, aún en medio de las pruebas más duras.

La modestia y las modas

Publicado por: Servus Cordis Iesu

El Papa Pío XII dijo:

“Ahora, muchas niñas no ven nada malo en seguir ciertos estilos desvergonzados (modas) como lo hacen muchas. Seguramente se ruborizarían si tan solo pudiesen adivinar las impresiones que hacen y los sentimientos que evocan (excitación) en aquellos que las miran” (17 de Julio, 1954).

El Papa Benedicto XV

Escribió en su encíclica Sacra Propediem el 6 de enero, 1921: “Uno no puede deplorar suficientemente la ceguera de tantas mujeres de todas las edades y condiciones, las cuales ridículamente engreídas por el deseo de agradar, no echan de ver que con la extremada locura de su modo de vestir, además de ofender a Dios, desagradan a todo hombre sensato. Y no se contentan con aparecer en público con adornos tales que la mayor parte de ellas los hubieran rechazado tiempo atrás como enteramente reñidos con la modestia cristiana, sino que se atreven a penetrar sin temor alguno en el sagrado templo, y a asistir a las funciones sacras, y hasta a presentarse en la Mesa Eucarística, donde se recibe al Autor de la castidad, ataviadas con los incentivos de feas concupiscencias”.

El papa Pío XII amonestó seriamente a las madres cristianas: “El bien de nuestra alma es más importante que el de nuestro cuerpo; y tenemos que preferir el bienestar espiritual de nuestro vecino a nuestra comodidad corporal… Si cierta clase de vestido constituye una ocasión grave y próxima de pecado y pone en peligro la salvación de su alma y de la de los demás, es su deber dejarlo y no usarlo… Oh madres cristianas, si vosotras supierais qué futuro de ansiedades y penas, de vergüenza mal guardada preparáis para vuestros hijos e hijas, dejando imprudentemente que ellos se acostumbren a vivir ligeramente vestidos y haciendo que pierdan su sentido de modestia, estaríais avergonzadas de vosotras mismas y temeríais el daño que os hacéis y el daño que estáis causando a estos niños, quienes el Cielo os ha confiado para que los crieis como cristianos”. (Pío XII a los Grupos de Mujeres Católicas Jóvenes de Italia)

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Santa Ana, madre de la Madre de Dios

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Aureolada con la incomparable paz que la circunda, saludemos en ella también la tierra victoriosa que eclipsa los campos de batalla más famosos. Verdadero santuario de la Inmaculada Concepción, en él fue reanudada por nuestra humillada raza la gran batalla iniciada junto al trono de Dios por las escuadras celestiales. Allí, el infernal dragón arrojado de los cielos vio aplastada su cabeza, y Miguel, sobrepujado en gloria, pone gustoso el mando de los ejércitos del Señor en manos de la que desde el principio de su existencia, se declaraba amable Soberana.

¿Qué boca humana podrá narrar el pasmo de los principados angélicos, cuando la serena complacencia de la Trinidad Santísima, pasando desde los radiantes Serafines hasta las últimas categorías de los nueve coros angélicos, incline su mirada de fuego a la contemplación de la santidad que súbitamente ha nacido en el seno de Ana? El Salmista había dicho de la ciudad gloriosa cuyos fundamentos se ocultan en la que antaño fue estéril: “Sus fundamentos están puestos sobre los montes santos”; y las celestiales jerarquías que están en las cimas de las colinas eternas descubren desde allí alturas insospechadas que jamás alcanzarán, cumbres tan inmediatas a la divinidad que se apresta a asentar allí su trono. Como Moisés en presencia del zarzal en llamas sobre el Horeb, han sido presas de un santo temor al reconocer sobre el desierto de nuestro mundo despreciable la montaña de Dios, y comprender que la aflicción de Israel en breve cesará. María aunque oculta por la nube que la esconde todavía, es ya desde este momento en el seno de Ana la montaña bendita cuya base, el punto de partida de la gracia aventaja la cumbre de los montes en donde las santidades creadas más altas hallan su consumación en la gloria y el amor.

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Santa Ana, abuela de Nuestro Señor

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Uniendo Ana a la sangre de reyes la de Pontífices, aparece más gloriosa todavía por su incomparable descendencia. Más noble que todas las que han concebido en virtud del “creced y multiplicaos” termina en ella la ley de la generación de toda carne como llegada a su límite, como ante el vestíbulo de Dios. Es el propio Dios quien debe nacer del fruto de su descendencia, hijo, acá abajo, únicamente de la Virgen bendita y nieto al mismo tiempo de Ana y Joaquín.

Antes de haber sido favorecidos con la más alta bendición que unión humana haya podido recibir, los dos santos abuelos del Verbo encarnado conocieron el dolor que purifica al alma. Tradiciones que se remontan a los orígenes del cristianismo, nos muestran a los ilustres esposos sumidos en la prueba de una prolongada esterilidad, expuestos por causa de la misma al desdén del pueblo, a Joaquín, rechazado del templo, ocultando su tristeza en el desierto, y a Ana, solitaria, llorando su viudez y su humillación. ¡Qué sentimientos tan exquisitos los de este relato, comparables a los más hermosos que nos han legado los Sagrados Libros!

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Las Fiestas de los Santos

Publicado por: Servus Cordis Iesu

En el curso del año litúrgico, no sólo se celebran los misterios de Cristo, sino también las fiestas de los santos que están en los cielos. En las cuales, aunque se trate de una categoría inferior y subordinada, la Iglesia, sin embargo, pretende siempre proponer a los fieles ejemplos de santidad que les muevan a revestirse de las virtudes del mismo divino Redentor.

Porque, así como los santos fueron imitadores de Jesucristo, así nosotros hemos de imitarles a ellos, ya que en sus virtudes resplandece la virtud misma de Jesucristo. En unos resplandeció el celo apostólico, y en otros la fortaleza de nuestros héroes llegó hasta el derramamiento de su sangre; en unos brilló la constante vigilancia en la espera del Redentor, y en otros la virginal pureza del alma o la modesta suavidad de la humildad cristiana; en todos, en fin, era ferviente la ardentísima caridad para con Dios y para con el prójimo.

La sagrada liturgia pone ante nuestros ojos todos estos esplendores de santidad para que los contemplemos provechosamente y, “pues festejamos sus méritos, emulemos sus ejemplos”. Conviene, pues, conservar “la inocencia en la sencillez, la concordia en la caridad, la modestia en la humildad, la diligencia en el gobierno, la vigilancia en la ayuda de los que trabajan, la misericordia en socorrer a los pobres, la constancia en defender la verdad, el rigor en la severidad de la disciplina, a fin de que no falte en nosotros ningún ejemplo de buenas obras. Estas son las huellas que nos dejaron los santos al regresar a la patria, para que, siguiendo su camino, consigamos también su felicidad”.

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Santa María Magdalena ha escogido la mejor parte

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Es patrona y modelo de almas contemplativas. Los santos, los místicos, los pecadores tocados por la gracia, gustan leer las páginas del Evangelio que revelan su amor a Jesús y el amor de Jesús hacia ella.

En tu morada sobre la tierra, oh Jesús, Señor mío, y en la dichosa vida que tuviste en el mundo por espacio de tres años, como Mesías de la Judea y como Salvador del mundo, obraste muchos milagros, concediste muchas gracias y elegiste muchas almas para atraerlas en pos de Tí. Pero la elección más rara de tu amor, el más digno objeto de tus favores, la obra maestra de tus gracias, el mayor de tus milagros le obraste en ella.

Cuando caminabas por la tierra realizando tus obras maravillosas, oh Señor, miraste a muchas almas, pero tus más dulces miradas, oh sol de justicia, y tus rayos más poderosos fueron para esta alma. La sacaste de la muerte a la vida; de la vanidad a la verdad; de la creatura al Creador y de ella a ti mismo. Transportaste tu espíritu al suyo y en un momento derramaste en su corazón un torrente de lágrimas que caen a tus pies y los riegan, y hacen un baño saludable que lava santa y suavemente a esta alma pecadora que las derrama. La diste en un instante una gracia tan abundante que comienza donde las otras apenas acaban, de modo que, desde el primer paso de su conversión, se encuentra en la cumbre de la perfección, gozando de amor tan profundo que fue digna de recibir la alabanza de tu sagrada boca, cuando te dignaste defenderla de sus émulos y terminar su justificación con estas dulces palabras: “Amó mucho”. He aquí los primeros homenajes rendidos a esos santos pies, y manantial de santidad desde que caminan sobre la tierra para la salvación del mundo y gloria del Padre. Y he aquí también las primeras gracias y favores emanados de esos divinos pies. Estos pies son sagrados y divinos, son suaves y adorables, son también divinos; y no obstante se emplearon, se fatigaron por los pecadores y serán un día taladrados para derramar la sangre que lavará al mundo. De estos sagrados pies mana ahora una Fuente de gracia y pureza para esta alma privilegiada, una de las más principales en seguir y amar a Jesús. Y de este Corazón humillado, o mejor dicho, clavado a sus pies divinos, sale una Fuente de agua viva que lava la pureza misma al lavar los pies de Jesús. Dos manantiales y admirables arroyos: una de estas fuentes sale de los pies de Jesús y corre hasta la Magdalena y la otra sale del corazón de la Magdalena y va hasta los pies de Jesús; dos fuentes vivas y celestiales, y celestiales en la tierra, porque la tierra es también un cielo, puesto que Jesús está en la tierra. Este corazón pues de Magdalena, impuro en otro tiempo, es ahora un corazón puro y celestial y de él sale agua viva adecuada para lavar a Jesús. Y por eso Jesús se complace en este baño como en un baño que le es querido y delicioso, que enaltece a la Magdalena y reprocha al fariseo.

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El Doctor Seráfico

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Tomás y Buenaventura, cuya obra intelectual tenía un solo fin, el de llevar a los hombres por la ciencia y el amor a esta vida eterna, que consiste en conocer al solo Dios verdadero y a Jesucristo que fue enviado; los dos fueron esas lámparas encendidas que iluminaron su siglo y caldearon las almas. Pero quiso el Señor que sacase la Iglesia principalmente su luz de Santo Tomás y su caridad inflamada de San Buenaventura. En el curso de la Cuaresma celebramos ya al Doctor Angélico, hoy, en cambio, la Iglesia orienta nuestros corazones hacia el Doctor Seráfico para tributarle nuestra alabanza y nuestra oración y recibir la lección de su vida.

Como lo advirtió el Papa Sixto V, no sólo sobresalía por la fuerza del raciocinio, por la facilidad de su enseñanza y la claridad de sus definiciones, sino que por encima de todo prevalecía por una virtud enteramente divina para mover a las almas. A la vez que iluminaba las inteligencias, predicaba a los corazones, y los conquistaba al amor de Dios. Sus mismos amigos se admiraban, y Santo Tomás preguntándole un día, en un arranque de admiración fraterna, en qué libro había podido beber esta ciencia sagrada, Buenaventura, mostrándole su crucifijo, respondió humildemente: “Esta es la fuente de donde yo saco todo lo que sé; estudio a Jesús y a Jesús crucificado”.

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