Del Discurso de Pío XII sobre el cine

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Póster de la serie televisiva La materia oscura, de los escritos del autor ateo Philip Pullman

Se ha observado que películas moralmente irreprensibles pueden resultar espiritualmente dañosas si ofrecen al público un mundo en el que no se hace alusión ninguna a Dios y a los hombres que creen en Él y lo veneran, un mundo en el que las personas viven y mueren como si Dios no existiese. Acaso baste en una película un breve momento, una palabrita sobre Dios, un pensamiento sobre Él, un suspiro de confianza en Él, una súplica de ayuda divina. La gran mayoría del pueblo cree en Dios, y en la vida, el sentimiento religioso tiene una parte notable. Nada, pues, más natural ni más oportuno que tenerlo en cuenta en la película.

El filme en la representación del mal

Dar forma artística al mal, describir su eficacia y su desenvolvimiento, sus caminos abiertos y ocultos, con los conflictos que engendra o a través de los cuales progresa; tiene para muchos un irresistible encanto. Ahora bien, ¿puede una película ideal tomar como argumento tal tema? 

Una respuesta negativa a esta pregunta es natural, si la perversidad y el mal se ofrecen como tales; si el mal representado resulta, al menos de hecho, aprobado; si está descrito en forma excitante, insidiosa, corruptora; si se presenta a los que no son capaces de dominarlo y resistirlo. Pero cuando no se da ninguno de estos motivos de exclusión, cuando el conflicto con el mal, y aun su victoria pasajera, en relación con todo el conjunto, sirve para la mayor comprensión de la vida, de su recta dirección, del dominio de su propia conducta, de esclarecimiento y consolidación del criterio y de la acción, entonces esa materia puede ser elegida y entrelazada, como argumento parcial, en la entera acción de la película misma.

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San Pío X y la Sagrada Música Litúrgica (III)

Publicado por: Servus Cordis Iesu 

III. Texto Litúrgico

7. La lengua propia de la Iglesia romana es la latina, por lo cual está prohibido que en las solemnidades litúrgicas se cante cosa alguna en lengua vulgar, y mucho más que se canten en lengua vulgar las partes variables o comunes de la misa o el oficio.

9. El texto litúrgico ha de cantarse como está en los libros, sin alteraciones.

V. Cantores

12. Excepto las melodías propias del celebrante y los ministros, las cuales han de cantarse siempre con música gregoriana, sin ningún acompañamiento de órgano, todo lo demás del canto litúrgico es propio del coro de levitas; de manera que los cantores de iglesia, aun cuando sean seglares, hacen propiamente el oficio de coro eclesiástico.

14. Por último, no se admitan en las capillas de música sino hombres de conocida piedad y probidad de vida, que con su modesta y religiosa actitud durante las solemnidades litúrgicas se muestren dignos del santo oficio que desempeñan. Será, además, conveniente que, mientras cantan en la iglesia, los músicos vistan hábito talar y sobrepelliz, y que, si el coro se halla muy a la vista del público, se le pongan celosías.

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