La fidelidad del mártir

Fragmento:

“Señor Jesús, recibe mi espíritu.”

— Cfr. Hechos 7, 59 (San Esteban).

Reflexión:

El primer mártir nos muestra la fortaleza que da el amor. En medio del sufrimiento, Esteban perdona y confía. El martirio es la expresión más alta de la caridad cristiana.

La fortaleza del mártir

Fragmento:

“No temáis a los que matan el cuerpo.”

— Cfr. Mateo 10, 28.

Reflexión:

Los mártires son testigos de que la fe vale más que la vida misma. Su fortaleza viene de Cristo, y su ejemplo nos llama a vivir sin miedo, confiados en la victoria de la resurrección.

La obediencia a Dios antes que a los hombres

Fragmento:

“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”

— Hechos 5, 29.

Reflexión:

La fidelidad a Dios exige a veces ir contra corriente. Cuando el mundo pide lo contrario de lo que Dios manda, el alma creyente se mantiene firme, segura de que sólo la obediencia a Él conduce a la vida.

Mujer ejemplar de heroísmo y virtud

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Nada ayuda tanto a orar con confianza, como la experiencia personal de la eficacia de la oración, a la que la amorosa providencia ha respondido concediendo generosamente, plenamente, lo que se le pedía. Pero muchas veces nos ha dicho la Providencia que esperemos hasta el tiempo que ella designe. Al ver retardado el cumplimiento de sus plegarias, no pocos sienten que su confianza sufre un golpe considerable, no saben estar tranquilos cuando Dios parece sordo a todas sus súplicas. No, no perdáis nunca vuestra confianza en aquel Dios que os ha creado, que os ha amado antes de que vosotros pudierais amarlo y que os ha hecho sus amigos.

Elevad la mente, queridos hijos, y escuchad lo que enseña el gran Doctor santo Tomás de Aquino cuando explica por qué las oraciones no son siempre acogidas por Dios: “Dios oye los deseos de la criatura racional, en cuanto desea el bien. Pero ocurre acaso que lo que se pide no es un bien verdadero, sino aparente, y hasta un verdadero mal. Por eso esta oración no puede ser oída de Dios. Porque está escrito: Pedís y no recibís, porque pedís mal”. Vosotros deseáis, vosotros buscáis un bien, como os parece a vosotros eso que pedís; pero Dios ve mucho más lejos que vosotros en aquello que deseáis. Así como Dios cumple los deseos que se le exponen en la oración, por el amor que tiene hacia la criatura racional, no hay que maravillarse si en algunas ocasiones no oye la petición de aquellos que ama de modo particular, para hacer en cambio lo que, en realidad, les ayuda más.

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Santos Apóstoles Pedro y Pablo

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Pedro, simple hijo de Adán, y, con todo eso, verdadero Sumo Pontífice, avanza llevando el mundo: su sacrificio va a completar el de Jesucristo, que le invistió con su grandeza; la Iglesia, inseparable de su Cabeza visible, le reviste también con su gloria. Por la virtud de esta nueva cruz que se levanta, Roma se hace hoy la ciudad santa. Mientras Sión queda maldita por haber crucificado un día a su Salvador, Roma podrá rechazar al Hombre-Dios, derramar su sangre en sus mártires: ningún crimen de Roma prevalecerá sobre el gran hecho que ahora se realiza; la cruz de Pedro le ha traspasado todos los derechos de la de Jesús. 

Siendo tal la significación de este día, no es de maravillar que el Señor la haya querido aumentar aún más, añadiendo el martirio del Apóstol Pablo al sacrificio de Simón Pedro. Pablo, más que nadie, había prometido con sus predicaciones la edificación del cuerpo de Cristo; si hoy la Iglesia ha llegado a este completo desenvolvimiento que la permite ofrecerse en su Cabeza como hostia de suavísimo olor, ¿quién mejor que él merecía completar la oblación? Habiendo llegado la edad perfecta de la Esposa, ha acabado también su obra. Inseparable de Pedro en los trabajos por la fe y el amor, le acompaña del mismo modo en la muerte; los dos dejan a la tierra alegrarse en las bodas divinas selladas con su sangre, y suben juntos a la mansión eterna, donde se completa la unión.

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Papas Santos – Gregorio VII y Urbano I

Publicado por: Servus Cordis Iesu

¡Oh bienaventurado Gregorio! Verdaderamente se han aumentado nuestras alegrías pascuales con tu triunfo. Porque nosotros vemos en ti la imagen de Aquel que mediante su gloriosa Resurrección ha sublimado al mundo que se hundía en sí mismo. Tu pontificado fue preparado por la divina Sabiduría como una era de regeneración de la sociedad que se desplomaba cediendo al impulso de la barbarie. Tu valor, basado en la confianza de la palabra de Jesús, no retrocedió ante ningún sacrificio. Tu vida en la Silla Apostólica no fue más que un continuo combate, teniendo que morir en el destierro por haber amado la justicia y odiado la iniquidad. Pero por eso mismo se cumplía en ti aquel oráculo escrito por el Profeta para tu divino Maestro: “Por haber dado su vida por el pecado, gozará de gran posteridad”. Treinta y seis Papas han seguido el camino trazado por tu sacrificio; por ti la Iglesia alcanzó la libertad y la fuerza se sometió ante el derecho. Después de este período triunfante, ha vuelto de nuevo a declararse la guerra, que sigue todavía. Los reyes de la tierra se han levantado contra el poder espiritual, han sacudido el yugo del Vicario de Cristo, y han rechazado el control de toda autoridad humana. A su vez los pueblos también se han sublevado contra un poder que no admite ninguna dependencia del cielo por medio de un lazo visible y sagrado y esta doble insurrección pone a la sociedad de nuestros días al borde de su perdición.

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