La Transfiguración del Señor

Fragmento:

“Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias: escuchadle.”

— Cfr. Mateo 17, 5.

Reflexión:

En la cima del monte Tabor, el Padre eterno nos revela quién es Jesús: su Hijo amado. Y no sólo lo manifiesta, sino que nos ordena escucharle. En medio de las voces del mundo y de tantas doctrinas erróneas, escuchar al Hijo es el camino seguro de la verdad. Escucharle en el Evangelio, en la enseñanza de la Iglesia, en el susurro de la conciencia formada. Quien escucha al Hijo, camina hacia la luz.

La gracia de la pureza

Fragmento:

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.»

— Mateo 5, 8.

Reflexión:

La pureza no es solo limpieza del cuerpo, sino sobre todo del alma. Un corazón limpio ve a Dios en la fe y se prepara para verlo cara a cara en la eternidad. Hoy, pidamos la gracia de vivir con pureza en pensamientos, palabras y obras.

La caridad como sello del cristiano

Fragmento:

«Si no tengo caridad, nada soy.»

— Cfr. 1 Corintios 13, 2.

Reflexión:

Las obras más brillantes carecen de valor si no nacen del amor a Dios y al prójimo. Hoy, pidamos al Señor un corazón encendido de caridad que se traduzca en obras concretas de bien.

La humildad que agrada a Dios

Fragmento:

«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.»

— Mateo 11,29.

Reflexión:

No hay virtud más necesaria que la humildad. Nos hace semejantes a Cristo y nos dispone para recibir la gracia. Hoy, practiquemos la humildad aceptando lo que Dios nos envía, sin quejas y con espíritu de fe.