La humildad ante las cruces de cada día

Fragmento:

“El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor.”

— Mateo 10, 24.

Reflexión:

No rehuyamos la cruz: llevándola con humildad y paciencia, nos asemejamos a Cristo. Hoy, recibamos con fe las contrariedades y dificultades, ofreciéndolas unidas a su Sangre derramada por amor.

La Sangre de Cristo, medicina de las almas

Fragmento:

“¿Qué otra cosa podía lavar nuestros pecados sino la Sangre de Cristo?”

— San Ambrosio, Sobre los sacramentos, Libro IV.

Reflexión:

El alma herida y enferma encuentra en la Sangre del Señor la medicina que purifica y sana. Hoy, acerquémonos con fe a esta fuente en la oración y, si es posible, en la confesión y comunión.

La caridad discreta y silenciosa

Fragmento:

“No sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.”

— Cfr. Mateo 6, 3.

Reflexión:

Dios ama la caridad escondida, sin vanagloria ni ruido. Un acto bueno hecho solo para agradarle es más valioso que mil aplausos. Hoy, practiquemos alguna obra de bien que solo Él conozca.

La Sangre de Cristo, prenda de victoria

Fragmento:

“Ellos lo vencieron por la Sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.

— Cfr. Apocalipsis 12, 11.

Reflexión:

La Sangre de Cristo es nuestra fuerza en la lucha espiritual. Con ella, el cristiano vence al pecado, al demonio y al mundo. Hoy, invoquemos su poder y revistámonos de confianza, seguros de que no luchamos solos.

La Sangre de Cristo y la esperanza del perdón

Fragmento:

“Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad.”

— 1 Juan 1, 9.

Reflexión:

La Sangre de Cristo nos purifica y nos devuelve la amistad con Dios cada vez que acudimos con humildad al sacramento de la confesión. Hoy, renovemos nuestro propósito de mantenernos en gracia y de acudir a la misericordia del Señor con confianza.