La humildad que atrae el Corazón de Dios

Fragmento:

“Cuanto más te rebajes ante Dios, más se inclinará Él hacia ti.”

— San Bernardo de Claraval, Sermón sobre los Cantares, n.º 15.

Reflexión:

La humildad no es despreciarse, sino reconocerse como criatura necesitada de Dios. Es la verdad que abre las puertas del Corazón divino. Hoy, pidamos esta virtud tan amada por Jesús, y rechacemos toda soberbia, aun la más sutil.

El Corazón de Jesús y la Eucaristía

Fragmento:

“La Eucaristía es el Corazón de Jesús hecho pan, para que su amor sea comido por el alma.”

— San Pedro Julián Eymard, La presencia real.

Reflexión:

En cada comunión, recibimos no solo el Cuerpo de Cristo, sino su mismo Corazón palpitante de amor. Hoy, preparemos o recordemos nuestra comunión con gratitud, y hagamos una ferviente comunión espiritual si no podemos recibirlo sacramentalmente.

La oración como unión de corazones

Fragmento:

“Habla con Dios como hablarías con un padre, un amigo, un hermano.”

— San Juan Crisóstomo, Homilías sobre la oración.

Reflexión:

La oración no es complicación, sino trato de amor. Es dejar que nuestro corazón se una al Corazón de Dios. Hoy, dediquemos al menos unos minutos a una oración sincera, sin fórmulas, solo hablando con Él como quien ama y es amado.

El Corazón de Jesús, trono de misericordia

Fragmento:

“El Corazón de Cristo es un océano de misericordia, donde los pecadores encuentran perdón y los justos renovación.”

— Papa Pío XII, Haurietis aquas, 1956.

Reflexión:

El Corazón de Jesús no se cierra ante nuestras miserias: las espera para sanarlas. ¡Qué paz saber que siempre podemos volver a Él! Hoy, acerquémonos con confianza, y pidamos perdón por nosotros y por el mundo entero.

La unión de nuestro corazón con el de Jesús

Fragmento:

“El alma que desea amar a Dios verdaderamente debe unirse al Corazón de Jesús, en el cual encontrará la fuente de ese amor.”

— San Juan Eudes, El Reino de Jesús.

Reflexión:

Unidos al Corazón de Jesús, aprendemos a amar bien: a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como Él lo ama. Hoy, digámosle: “Corazón de Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo”.