La Paz del alma unida a Dios

Fragmento:

“Mucha paz tienen los que aman tu ley.”

— Cfr. Salmo 118, 165.

Reflexión:

La verdadera paz nace de un corazón en gracia, que ama y se esfuerza por cumplir la voluntad de Dios. Hoy, examinemos si algo nos quita la paz, y pongámoslo en las manos del Señor con confianza filial.

El Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad

Fragmento:

“Ved este Corazón que tanto ha amado a los hombres y no recibe a cambio sino  ingratitud y desprecio.”

— Revelación del Señor a Santa Margarita María de Alacoque.

Reflexión:

El Corazón de Jesús es un fuego que desea encender el mundo en su amor. Hoy, unámonos a su dolor por las ofensas que recibe, y ofrezcamos nuestras obras del día en espíritu de reparación.

La dulzura de la caridad verdadera

Fragmento:

“La caridad es paciente, es benigna; no se irrita, no busca lo suyo.”

— 1 Corintios 13:4-5.

Reflexión:

La caridad no se contenta con evitar el mal: busca el bien del prójimo con dulzura y generosidad. Hoy, procuremos practicar la caridad en las cosas pequeñas, con un gesto amable, una palabra alentadora, un silencio oportuno.

El Corazón de Jesús, refugio de los pecadores

Fragmento:

“El Corazón de Cristo es refugio seguro; a Él acudid en vuestras miserias y hallaréis misericordia.”

— San Juan Eudes, El Corazón admirable de la Madre de Dios.

Reflexión:

El Corazón de Jesús no rechaza a quien lo busca con sinceridad. En Él hay consuelo, fuerza y perdón. Hoy, acerquémonos con confianza, tal como somos, y dejemos que su amor nos transforme.

El apostolado reparador del Corazón de Jesús

Fragmento:

“El deber de reparar pertenece a todos los fieles, según su condición, pues todos han sido amados y todos pueden amar.”

— Papa Pío XI, Miserentissimus Redemptor, 1928.

Reflexión:

Cada acto de fe, de caridad, de sacrificio ofrecido con amor, repara. Hoy, tomemos conciencia de que nuestras obras pueden consolar al Corazón de Cristo. Vivamos esta jornada como una ofrenda de amor y reparación.