La paz del que ama a Dios

Fragmento:

“Perfecta paz tienen los que en ti esperan.”

— Cfr. Isaías 26:3.

Reflexión:

La paz no se encuentra en el mundo, sino en Dios. Quien espera en Él y se abandona a su amor goza de esa paz que nada ni nadie puede quitar. Hoy, renovemos nuestra confianza y descansemos en su Corazón.

El Corazón de Jesús, fuente de gracias

Fragmento:

“Vendrán a sacar agua con gozo de las fuentes del Salvador.”

— Isaías 12, 3.

Reflexión:

El Corazón de Jesús es manantial inagotable de gracia y misericordia. Hoy, acerquémonos con confianza a esa fuente: en la oración, en la Eucaristía, en el ofrecimiento de las obras del día, para beber de su amor.

La fuerza del amor reparador

Fragmento:

“Un solo acto de amor puro es más agradable a Dios que todas las demás obras juntas.”

— San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor, nº 61.

Reflexión:

El amor, cuando es sincero y puro, repara las ofensas y consuela al Corazón de Cristo. Hoy, hagamos un acto de amor oculto y generoso: un sacrificio, un silencio, un servicio, ofrecido solo por Él.

El Corazón de Jesús, modelo de mansedumbre

Fragmento:

“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.”

— Cfr. Mateo 11, 29.

Reflexión:

La mansedumbre del Corazón de Jesús nos enseña a responder al mal con el bien, a la ofensa con el perdón. Hoy, pidamos la gracia de imitar su mansedumbre en nuestras relaciones cotidianas, para ser instrumentos de su paz.

La humildad del Corazón de Jesús, modelo para el cristiano

Fragmento:

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.”

— Cfr. Mateo 11, 29.

Reflexión:

La humildad nos asemeja al Corazón de Cristo y nos libera del peso del orgullo. Hoy, pidamos la gracia de ser humildes en nuestras palabras, juicios y obras, y de vivir siempre en la verdad ante Dios y los hombres.