Fragmento:
“El templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros.”
— Cfr. 1 Corintios 3, 17.
Reflexión:
El alma en gracia es morada de Dios. Cuidarla con pureza, respeto y amor es custodiar un tesoro divino. Recordar que somos templo del Espíritu Santo nos mueve a vivir con dignidad y devoción interior.
