Abandono confiado

Fragmento:

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”

— Cfr. Lucas 23, 46.

Reflexión:

El abandono en Dios es acto supremo de fe. Poner la vida en sus manos da descanso al alma y prepara para toda prueba.

Abandonarse a Dios

Fragmento:

“Pon tu cuidado en el Señor.”

— Salmo 54, 23.

Reflexión:

Abandonarse a Dios es el acto supremo de confianza. Quien pone su vida en manos del Señor descansa en la certeza de que todo está sostenido por su amor.

La acción de Dios

Fragmento:

“Sin mí no podéis hacer nada.”

— Cfr. Juan 15, 5.

Reflexión:

Reconocer nuestra dependencia de Dios es fuente de humildad y confianza. Cuando actuamos unidos a Él, nuestra obra da fruto abundante.

La gracia que sostiene

Fragmento:

“Te basta mi gracia.”

— Cfr. 2 Corintios 12, 9.

Reflexión:

La gracia de Dios es suficiente incluso en la debilidad. No necesitamos apoyarnos solo en nuestras fuerzas, sino aprender a confiar en el auxilio divino, que nunca falta al alma humilde.

Confiar sin reservas

Fragmento:

“Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, y Él obrará.”

— Salmo 36, 5.

Reflexión:

Confiar en Dios es entregarle el rumbo de la propia vida. Cuando el alma se abandona con sinceridad, el Señor actúa con sabiduría y conduce incluso las dificultades hacia un bien mayor.

La pobreza de espíritu

Fragmento:

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.”

— Mateo 5, 3.

Reflexión:

El pobre de espíritu es aquel que no se apoya en sí mismo ni en las cosas de este mundo, sino que depende sólo de Dios. Hoy, vivamos con sencillez, desprendidos del querer tener, dominar o aparentar, y pongamos nuestra confianza sólo en el Señor.