La humildad, llave del cielo

Fragmento:

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.”

— Cfr. Mateo 11, 29.

Reflexión:

La humildad es la base de toda virtud, porque nos coloca en la verdad: Dios es el Señor, y nosotros sus siervos. El humilde no se exalta, pero tampoco se desprecia; sabe que todo bien procede de Dios, y en Él confía. Con esta llave se abre la puerta del Reino.

La humildad que agrada a Dios

Fragmento:

«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.»

— Mateo 11,29.

Reflexión:

No hay virtud más necesaria que la humildad. Nos hace semejantes a Cristo y nos dispone para recibir la gracia. Hoy, practiquemos la humildad aceptando lo que Dios nos envía, sin quejas y con espíritu de fe.

La humildad, base de la vida cristiana

Fragmento:

«Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.»

— Cfr. Santiago 4, 6.

Reflexión:

La humildad abre las puertas de la gracia, porque reconoce que todo lo bueno viene de Dios. Hoy, practiquemos la humildad con sencillez: aceptemos la verdad de lo que somos, sin comparaciones y sin buscar ser alabados.

La humildad en las relaciones con el prójimo

Fragmento:

“Sed humildes, benignos, pacientes; soportándoos los unos a los otros por amor.”

— Efesios 4, 2.

Reflexión:

La humildad nos hace comprender y soportar con amor las limitaciones ajenas. Hoy, pidamos al Señor crecer en esta virtud y practiquemos la paciencia, especialmente con quienes nos resultan más difíciles de tratar.