San José Modelo de varón

Publicado por: Servus Cordis Iesu

San José es el varón más elevado en dignidad que ha existido y que existirá. Su oficio, sus prerrogativas, su virtud, su santidad, son realmente de una altura incomparable, sólo por debajo de su esposa la Virgen Santísima. Por lo tanto, en el cielo tiene el grado más elevado de gloria después de la Virgen María.

Tenemos, entonces, en él, un magnifico modelo de lo que debe ser un hombre, de lo que debe ser un varón. En este tiempo en que los hombres son tan poca cosa, es bueno que dirijamos nuestras miradas a este santo varón, que nos dio grandes lecciones de cómo debe comportarse un hombre.

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Enseñanzas de Pío XII a las familias cristianas

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Tenéis ciertamente que animaros, queridos esposos, pensando que el divino Autor del sacramento del matrimonio, Jesucristo Nuestro Señor, lo ha querido enriquecer con la abundancia de sus celestiales favores. El sacramento del matrimonio significa, como vosotros sabéis, la unión mística de Jesucristo con su esposa la Iglesia (en la cual y de la cual deben nacer los hijos adoptivos de Dios, herederos legítimos de las promesas divinas). Y de modo que Jesucristo enriqueció sus bodas místicas con la Iglesia, con las perlas preciosísimas de la gracia divina, se complace en enriquecer el sacramento del matrimonio de dones inefables.

Éstos son especialmente todas aquellas gracias necesarias y útiles a los esposos para conservar, acrecentar y perfeccionar cada vez más su santo amor recíproco, para observar la debida fidelidad conyugal, para educar sabiamente, con el ejemplo y con la vigilancia, a sus hijos y para llevar cristianamente las cargas que impone el nuevo estado de vida.

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El criado no es más que su amo

Publicado por: Servus Cordis Iesu

No nos contentemos sólo con leer estas cosas de Cristo: mantengámoslas en nuestros pensamientos: la corona de espinas, el manto púrpura, la caña, los golpes, las bofetadas en las mejillas, los esputos, el ridículo. Si continuamente las ponderamos, tales cosas bastarán para frenar por completo nuestra ira. Si se burlan de nosotros, si somos tratados injustamente, sigamos diciendo: El criado no es más que su amo.

Recordemos también lo que le dijeron los judíos, con palabras llenas de ira: Tienes un demonio; eres un samaritano; y, por arte de Belcebú echas los demonios. Soportó todos estos sufrimientos para que siguiéramos sus pasos y para que tolerásemos la burla, el insulto que más hiere.

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Magnos Doctores de la Iglesia

Servus Cordis Iesu

Los Santos Papas Gregorio I y León I

San Gregorio, Padre del pueblo cristiano, vicario tanto de la caridad como de la autoridad de Cristo, Pastor vigilante, el pueblo cristiano a quien con tanta fidelidad has amado y servido se dirige a ti con toda confianza. Ya que nunca has olvidado a tu querida grey escucha hoy su oración. Protege y dirige al Sumo Pontífice que hace las veces de Pedro y las tuyas; dale luces en sus consejos y fortifica su voluntad. Bendice a toda la jerarquía que te debe tan buenos preceptos y tan admirables ejemplos. Ayúdales para que mantengan inviolable el depósito de la fe; ayúdales en sus esfuerzos por restablecer la disciplina eclesiástica, sin la que todo es desorden y trastorno. Dios te escogió para ordenar el culto, la sagrada liturgia, en el pueblo cristiano; intercede para que de nuevo se vuelva a esta manera de oración que se ha olvidado casi por completo. 

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Santa Francisca, Viuda romana

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Santa Francisca nació en Roma en 1384. Por obedecer a sus padres se unió en matrimonio, en 1405, con Lorenzo Ponziani, mas siguió conservando en su estado el género de vida austera que se había propuesto. 

Por obedecer a su marido, en el acto abandonaba sus ejercicios de devoción, “Es –decía– dejar a Dios por Dios”. En toda Roma era bien conocida esta anécdota edificante. Rezaba una vez Francisca el Oficio parvo, que era su devoción favorita, cuando, al empezar una estrofa, oyó dos golpes en la puerta. Era un pobre. Ella corrió, puso unas monedas en las manos del mendigo, y volvió a entrar en su habitación. Apenas se había arrodillado para empezar de nuevo la estrofa, cuando oyó una voz: “¡Francisca, Francisca!” Era su marido, que la llamaba. Nuevamente interrumpió su rezo. Otras dos veces la llamaron aún, y otras dos veces dejó la estrofa sin concluir. Al volver por quinta vez a su cuarto, encontró aquellos versos escritos con letras de oro por un calígrafo celestial.

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Domingo de Quincuagésima

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Suplicámoste, Señor, escuches clemente nuestros ruegos: y, libres de los lazos de los pecados, defiéndenos de toda adversidad.

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Corintios

Hermanos: Si hablara las lenguas de los hombres y de los Ángeles, pero no tuviera caridad, sería como un bronce sonoro, o como una campana que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; y si tuviera tal fe, que trasladara los montes, pero no tuviera caridad, no sería nada. Y si distribuyera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo, para ser quemado, pero no tuviera caridad, de nada me serviría. La caridad es paciente, es benigna: la caridad no es ambiciosa, no busca sus cosas, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la iniquidad, sino que goza con la verdad: todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. La caridad no desaparece nunca, aunque pasen las profecías, aunque cesen las lenguas, aunque se destruya la ciencia. Porque ahora conocemos sólo en parte, y en parte profetizamos; mas, cuando llegue lo perfecto, desaparecerá lo parcial. Cuando era niño, hablaba como niño, juzgaba como niño, pensaba como niño. Mas, cuando me hice hombre, abandoné las cosas de niño. Ahora vemos por espejo, en obscuridad; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como soy conocido. Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad: la mayor de ellas es la caridad.

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Papas Santos – Gregorio II

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Gregorio nació en Roma; fue un hombre notable por su piedad y observancia regular. Debido a esto, el papa san Sergio I lo ordenó subdiácono. Bajo los cuatro papas siguientes fue tesorero de la iglesia, y después bibliotecario encargado de comisiones importantes. Eran tan grandes su sabiduría e ilustración, que fue elegido para acompañar al papa Constantino a Constantinopla, cuando éste fue convocado para discutir con el emperador Justiniano II ciertas dificultades y diferencias que se habían presentado en el Concilio de Trullo, en 692. 

A la muerte de Constantino, Gregorio fue elegido papa y consagrado en 715.

Dirigió su celo infatigable y vigilante a extirpar las herejías que pululaban y llevar al cabo una reforma de costumbres. Convocó varios sínodos en los cuales se formularon reglamentos disciplinares que promovían la moralidad y reprimían toda clase de abusos. Hizo levantar nuevamente gran parte de las murallas de Roma contra los lombardos, y restauró muchas iglesias. Tenía sumo cuidado de los enfermos y ancianos; reconstruyó un asilo de ancianos y el gran monasterio que está cerca de la iglesia de San Pablo en Roma; después de la muerte de su madre en el 718, convirtió su casa en el monasterio de Santa Águeda. Ayudó a restablecer la abadía de Monte Casino, a la cual envió al abad san Petronax para que la gobernara, ciento cuarenta años después de que la misma había sido reducida a escombros por los lombardos. San Gregorio envió misioneros para predicar la fe de Cristo en Alemania, y consagró obispos a san Corbiniano y san Bonifacio. En su tiempo, los peregrinos ingleses que iban a Roma aumentaron a tal punto, que fue necesario dedicar una iglesia, un cementerio y una escuela para ellos.

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San Juan de Mata, Confesor

Publicado por Servus Cordis Iesu

Juan de Mata nació en Provenza en 1160. Fue estudiante en París donde se ordenó de sacerdote. Una visión que tuvo celebrando su primera Misa le dio a conocer que estaba destinado a libertar los cautivos de las manos de los infieles. Retiróse a la soledad con san Félix de Valois durante tres años, y después ambos fueron a pedir al Papa la institución de una nueva Orden con el nombre de la Santísima Trinidad, para redimir a los cautivos. Inocencio III aprobó el nuevo instituto el dos de febrero de 1198. De vuelta a Francia, los fundadores levantaron su primer monasterio en Cerfroide, diócesis de Meaux, donde san Félix permaneció como superior. San Juan levantó dos hospicios y rescató numerosos cautivos. Agobiado por las fatigas e inflamado de un grande amor a Dios y al prójimo murió en Roma, el 8 de enero de 1213.

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Quinto Domingo después de Epifanía

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Oración

Suplicámoste, Señor, custodies, a tu familia con tu continua piedad: para que, pues que sólo se apoya en la esperanza de la gracia celestial, sea siempre defendida con tu protección. 

Epístola

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Colosenses (III, 12-17)

Hermanos: Revestíos, como elegidos de Dios, como santos y amados suyos, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de modestia y de paciencia, soportándoos mutuamente, y perdonándoos los unos a los otros, si alguien tuviere queja contra otro. Como el Señor os perdonó a vosotros, así debéis hacer vosotros. Mas, sobre todas estas cosas, tened caridad, porque ella es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo salte gozosa en vuestros corazones, pues por ella habéis sido llamados a formar un solo Cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite copiosa en vosotros con toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos, e himnos, y cánticos espirituales, cantando con gracia a Dios en vuestros corazones. Todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, dando gracias a Dios y al Padre por Nuestro Señor Jesucristo.

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Cuarto Domingo después de Epifanía

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Oración

Oh Dios, que sabes que, a causa de la flaqueza humana, no podemos subsistir entre tantos peligros como nos rodean: danos la salud del alma y del cuerpo; para que, con tu ayuda, venzamos lo que padecemos por nuestros pecados.

Epístola

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo, a los Romanos (XIII, 8-10)

Hermanos: No debáis nada a nadie, sino es el amaros mutuamente; pues, el que ama al prójimo, cumple la Ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no robarás, no levantarás falso testimonio, no codiciarás, y todo otro cualquier mandamiento se encierra en esta sola palabra: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor del prójimo no obra el mal. Por eso, la plenitud de la Ley es el amor.

No deja la Santa Iglesia de exhortar a los fieles, por boca del Apóstol a la práctica de la caridad mutua, en este tiempo en que el mismo Hijo de Dios ha dado tan manifiestas pruebas de su amor para con los hombres, tomando su propia naturaleza. El Emmanuel viene a nosotros como Legislador; ahora bien, toda su ley la ha resumido en el amor; ha venido a unir lo que el pecado había desunido. Sintamos como Él, y cumplamos de corazón la ley que nos impone.

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