San Pío X y la Sagrada Música Litúrgica (I)

Publicado por: Servus Cordis Iesu 

Entre los cuidados propios del oficio pastoral, no solamente de esta Cátedra, que por inescrutable disposición de la Providencia, aunque indigno, ocupamos, sino también de toda iglesia particular, sin duda uno de los principales es el de mantener y procurar el decoro de la casa del Señor, donde se celebran los augustos misterios de la religión y se junta el pueblo cristiano a recibir la gracia de los sacramentos, asistir al santo sacrificio del altar, adorar al augustísimo sacramento del Cuerpo del Señor y unirse a la común oración de la Iglesia en los públicos y solemnes oficios de la liturgia.

Nada, por consiguiente, debe ocurrir en el templo que turbe, ni siquiera disminuya, la piedad y la devoción de los fieles; nada que dé fundado motivo de disgusto o escándalo; nada, sobre todo, que directamente ofenda el decoro y la santidad de los sagrados ritos y, por este motivo, sea indigno de la casa de oración y la majestad divina.

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Epifanía de Nuestro Señor

Publicado por: Servus Cordis Iesu

La Epifanía participa con las fiestas de Navidad, Pascua, la Ascensión y Pentecostés del honor de ser calificada de día santísimo, en el canon de la Misa; se la considera como una de las fiestas cardinales, es decir, una de las fiestas sobre las que descansa la economía del Año litúrgico. De ella toma su nombre una serie de seis Domingos, lo mismo que otras toman el título de Domingos de Pascua o Domingos de Pentecostés. (Dom Guéranger, El Año Litúrgico)

Homilía de San Gregorio, Papa

Nacido el Rey del cielo, se turbó el rey de la tierra, porque la grandeza humana queda confundida cuando se manifiesta la excelsitud de la del cielo. ¿Por qué, habiendo nacido el Redentor, un Ángel se apareció a los pastores en Judea, mientras una estrella sirvió de guía a los Magos del Oriente para venir a adorarle? Porque los Judíos, como que se guiaban por la razón, debieron ser instruidos por una criatura racional, esto es, por un Ángel, pero los Gentiles, que no sabían valerse de la razón, debían ser guiados para conocer al Señor por señales. Dice San Pablo: “Las profecías han sido dadas a los fieles, no a los infieles; mas las señales se dan a los infieles, no a los fieles”. Y por esto a los primeros se les dieron las profecías, como fieles, no como infieles, y a los otros se dieron las señales, como infieles, no como fieles.

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San Telésforo, Papa y Mártir

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Entre los soldados valerosos de Jesucristo, auxiliares de los apóstoles en la promulgación de la fe, se refieren aquellos esclarecidos varones solitarios, imitadores de los santos profetas Elías y Eliseo, habitantes en el monte Carmelo, donde, en honor de la Santísima Virgen, edificaron un oratorio para darle culto. Los cuales, bien entendidos del cumplimiento literal de los oráculos antiguos en la persona de Cristo, verdadero Mesías, prometido en la ley y en los profetas, predicaban su Evangelio entre los gentiles y judíos esparcidos por Palestina, Samaría y otras provincias. Uno de los profesores de este instituto fue San Telésforo, griego de nación, hombre de eminente santidad, de ingenio sobresaliente y de extraordinaria grandeza de espíritu, cuya fama no sólo ilustró las vastas regiones del Oriente, sino que llegó á Roma, donde, bien conocido su mérito, después de la muerte del papa Sixto I fue electo sumo pontífice en el día 9 del mes de Abril del año 139, en tiempo del imperio de Antonino Pío.

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De un Discurso del Cardenal Newman

Publicado por: Servus Cordis Iesu

John Henry Newman (canonizado por el Papa Francisco el 13 de octubre de 2019), dio un Discurso en Roma al recibir el Biglietto que le anunciaba su designación cardenalicia por León XIII el 12 de mayo de 1879, del cual publicamos un fragmento:

“A lo largo de muchos años he cometido muchos errores. No tengo nada de esa perfección que pertenece a los escritos de los santos, es decir, que no podemos encontrar error en ellos. Pero lo que creo poder afirmar sobre todo lo que escribí es esto: que hubo intención honesta, ausencia de fines personales, temperamento obediente, deseo de ser corregido, miedo al error, deseo de servir a la Santa Iglesia, y, por la misericordia divina, una justa medida de éxito.

Y me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra! Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro, espero que no se juzgará fuera de lugar si renuevo la protesta que hecho tan a menudo.

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San Antero, Papa y Mártir

Publicado por: Servus Cordis Iesu

En tiempo en que se hallaba la Iglesia afligida con una de las más crueles persecuciones de los paganos, necesitada de varones sobresalientes en celo, brío y santidad, capaces de oponerse a los poderosos enemigos de la religión cristiana; muerto el sumo Pontífice Ponciano, por universal consentimiento del clero y pueblo romano fue electo para ser su sucesor san Antero, hijo de Rómulo, griego de nación, profesor de la vida eremítica. Era tan distinguido por su santidad, que desde el retiro del desierto llegó la fama de su virtud a la capital del orbe cristiano; bien persuadidos de que un héroe adornado con tan relevantes cualidades era muy a propósito para sostener y defender el rebaño de Jesucristo en tiempo de la tempestad deshecha que sufrían los cristianos por la sangrienta persecución que suscitó contra ellos el emperador Maximino. Colocado en la cátedra apostólica nuestro Santo, acreditó el mérito de su elección, y justificó con pruebas prácticas el alto concepto de santidad y virtud que de su persona había formado la Iglesia romana, que lloró amargamente la brevedad de su pontificado.

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Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús

Publicado por: Servus Cordis Iesu

El Arcángel dice a María: “Le pondrás por nombre Jesús”; ahora bien, Jesús quiere decir Salvador. ¡Qué dulce será este nombre para el mortal perdido! y, ¡cómo acerca ese solo Nombre al cielo con la tierra! ¿Hay alguno más amable y más poderoso? Si, al sonido de ese divino Nombre, debe doblarse toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los infiernos ¿habrá algún corazón que no se conmueva de amor al oírlo? Mas, dejemos que nos describa San Bernardo el poder y la dulzura de ese bendito Nombre. He aquí cómo se expresa a este propósito en su Sermón decimoquinto sobre el Cantar de los Cantares.

“El Nombre del Esposo es luz, alimento, medicina. Ilumina, cuando se le publica; alimenta, cuando en él se piensa, y cuando en la tribulación se le invoca, proporciona lenitivo y unción. Detengámonos, si os place, en cada una de estas cualidades. ¿Cómo pensáis que pudo derramarse por todo el mundo esa tan grande y súbita luz de la fe, sino es por la predicación del Nombre de Jesús? ¿No nos llamó Dios a su admirable luz, por medio de la antorcha de su bendito Nombre? Al ser iluminados por ella, y viendo en esta luz otra luz, oímos a San Pablo que acertadamente nos dice: Erais antes tinieblas, mas ahora luz en el Señor.

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Circuncisión de Nuestro Señor y Octava de Navidad

Publicado por: Servus Cordis Iesu

En este día en que ponemos el principio de nuestro año civil, vienen a propósito los consejos del gran Apóstol, advirtiendo a los fieles la obligación que tienen de santificar el tiempo que se les concede. Renunciemos, pues, a los deseos mundanos; vivamos con sobriedad, justicia y piedad; nada debe distraernos del ansia de esa bienaventuranza que esperamos. El gran Dios y Salvador Jesucristo, que se nos revela estos días en su misericordia para adoctrinarnos, volverá un día en su gloria para recompensarnos. El correr del tiempo nos advierte que se acerca ese día; purifiquémonos y hagámonos un pueblo agradable a los ojos del Redentor, un pueblo dado a las buenas obras.

Los Misterios de este Día. Ha llegado el octavo día del Nacimiento del Salvador; los Magos se acercan a Belén; cinco días más y la estrella se detendrá sobre el lugar donde descansa el divino Niño. Hoy, el Hijo del hombre debe ser circuncidado, subrayando con este primer sacrificio de su carne inocente, el octavo día de su vida mortal. Hoy, le van a poner un nombre; y este nombre será el de Jesús, que quiere decir Salvador. En este gran día, se aglomeran los misterios; recojámoslos todos, y honrémoslos con toda la devoción y ternura de nuestros corazones

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San Silvestre, Papa y Confesor

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Era, pues justo que la Iglesia, reuniendo en esta triunfante Octava todas las glorias del cielo y de la tierra inscribiese estos días en el ciclo, el nombre de un santo Confesor que les representase a todos. Este Confesor es Silvestre, Esposo de la Santa Iglesia romana, y por ella de la Iglesia universal, un Pontífice de largo y pacífico reinado, unos 22 años, un siervo de Cristo, adornado de todas las virtudes y venido al mundo al día siguiente de aquellos furiosos combates que habían durado tres siglos, en los cuales triunfaron, por el martirio, miles de cristianos, bajo la dirección de numerosos Papas Mártires, predecesores de Silvestre.

Silvestre es también nuncio de la Paz que Cristo vino a traer al mundo, y que los Ángeles cantaron en Belén. Es el amigo de Constantino, confirma el Concilio de Nicea que condenó la herejía arriana, organiza la disciplina eclesiástica para la era de la paz. Sus predecesores representaron a Cristo paciente: él representa a Cristo triunfante. Viene a completar, en esta Octava, el carácter de Dios Niño que viene en la humildad de los pañales, expuesto a la persecución de Herodes, y a pesar de todo es el Príncipe de la Paz, y Padre del siglo futuro (Is. IX, 6).

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El «Año Litúrgico» de Dom Guéranger

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Fotografía de la colección que perteneció a la familia de Santa Teresita de Lisieux en Les Buissonets

Del Prólogo de la edición española:

Para penetrar en toda la sustancia y para poder alcanzar todo el significado que encierran tanto los textos como los ritos litúrgicos, es menester prepararse antes estudiándolos más a fondo con la asidua lectura de un libro adecuado.

Ahora bien: el libro clásico en esta materia es, sin género de duda, El Año Litúrgico que hace años compuso el Abad benedictino de Solesmes Dom Próspero Guéranger, y que hoy ofrecemos a los católicos de lengua española.

El Año Litúrgico, a diferencia de otros trabajos simplemente eruditos y de mera cultura, es una exposición doctrinal y piadosa del culto católico y de sus ritos sagrados, escrita con sumo entusiasmo y con entrañable amor a Dios, a Jesucristo, a su Iglesia y a sus Santos. El Año Litúrgico es el mejor comentario de la Misa y del Oficio divino por su solidez y piedad, por la abundancia de ideas, por la claridad de la exposición, por el fervor y la unción de sus páginas. El valor doctrinal de sus páginas es inmenso. Todos los misterios y Fiestas litúrgicas se exponen conforme a las enseñanzas de los Santos Padres y de la Teología, y con frecuencia los textos litúrgicos vienen a ser la ilustración de la exposición dogmática del Misterio. De esta manera este libro encierra una suma de enseñanzas que poco a poco van penetrando en el alma el lector en los diversos tiempos y festividades litúrgicas y la van despegando y libertando de todo naturalismo y laicismo individual e independiente, hasta dejarla empapada de una doctrina y piedad netamente católicas que operan en ella el saludable sentire cum Ecclesia.

El Año Litúrgico de Dom Guéranger es y será por excelencia el manual imprescindible y como la Biblia y Suma de la piedad litúrgica, y nunca será excesivamente recomendado. Muchas son las almas a quienes su lectura ya ha santificado, y entre otras plácenos recordar a Santa Teresita del Niño Jesús.

Del Tomo V, para la Memoria del 3 de octubre Santa Teresa del Niño Jesús, virgen:

Teresa y el Año Litúrgico

“¿Qué podría decir de las veladas de invierno en los Buissonnets? Terminada la partida de damas, María o paulina leían el Año Litúrgico… Mientras tanto, me colocaba yo en las rodillas de papá y, acabada la lectura, cantaba él con su bonita voz cantares melodiosos como para adormecerme…” Apenas han pasado cincuenta y cinco años de la subida al cielo de la amable Santa y ya tiene ella su puesto en el mismo Año Litúrgico, cuya lectura escuchaba con tanta fruición. Y ¿no se podría pensar sin temeridad que fue el Año Litúrgico el que la hizo comprender el sentido profundo de las fiestas “de ella tan amadas”, que fue este libro el que la hizo conocer “a los bienaventurados moradores de la ciudad celestial, a los cuales pedía su duplicado amor para amar a Dios”, el que la enseñó a amar a la Iglesia, en cuyo seno “ella sería el amor” y, por fin, el que la infundió la “confianza atrevida de llegar a ser una gran Santa”.

Misión de Teresa

Todos los días, en efecto, en el Calendario Litúrgico, los Santos nos traen su testimonio; y todos los días por ellos nos hace Dios oír su voz proponiéndonos el ejemplo de su vida y recordándonos cuál fue su misión. Teresa recogió ese testimonio, escuchó esa voz y ahora, cuando todo el mundo la conoce, nos da el ejemplo de su vida para enseñarnos a nosotros a ser también Santos.

Santo Tomás de Cantorbery, Arzobispo y Mártir

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Santo Tomás Becket nació en Londres el 21 de diciembre de 1117. Archidiácono de Cantorbery, y luego canciller de Inglaterra en 1154, sucedió en 1162 al arzobispo Thibaut. Se opuso con energía a las pretensiones de Enrique II que quería legislar contra los intereses y la dignidad de la Iglesia; tuvo que huir de su país en 1164. Después de su estancia en Pontigny donde recibió el hábito cisterciense y en Sens, pudo volver a entrar en Inglaterra en 1170, gracias a la intervención del Papa Alejandro III; pero fue para recibir allí la palma del martirio en su iglesia catedral, el 29 de diciembre de 1170. Alejandro III le canonizó el 21 de febrero de 1173.

¡Oh glorioso Mártir Tomás, defensor invicto de la Iglesia de tu Señor! A ti acudimos en este día de tu fiesta, para honrar los dones maravillosos que el Señor depositó en tu persona. Hijos de la Iglesia, nos complacemos contemplando al que tanto la amó y que tuvo en tanta estima el honor de la Esposa de Cristo, que no temió dar su vida para asegurar su independencia. Por haber amado así a la Iglesia, aun a costa de tu tranquilidad, de tu felicidad personal, de tu misma vida; por haber sido tu sublime sacrificio el más desinteresado de todos, la lengua de los malvados y de los cobardes se desató contra ti y tu nombre fue con frecuencia blasfemado y calumniado. ¡Oh verdadero Mártir, digno de absoluto crédito en su testimonio pues sólo habla y resiste en contra de sus propios intereses terrenos! ¡Oh Pastor asociado a Cristo en el derramamiento de la sangre y en la liberación de la grey!, queremos resarcirte del menosprecio que te prodigaban los enemigos de la Iglesia; queremos amarte más que lo que ellos, en su impotencia, te odiaron. Te pedimos perdón por los que se avergonzaron de tu nombre, mirando tu martirio como un escándalo en los Anales de la Iglesia.

¡Cuán grande es tu gloria, oh fiel Pontífice, al ser escogido con Esteban, Juan y los Inocentes para acompañar a Cristo en el momento de su entrada en este mundo! Bajado a la arena sangrienta a la hora undécima, no perdiste el galardón que recibieron tus hermanos de la primera hora; antes bien, eres grande entre los Mártires. Eres, pues, poderoso sobre el corazón del divino Niño que nace en estos mismos días para ser Rey de los Mártires. Haz que, con tu asistencia, podamos llegar hasta él. Como tú, nosotros también queremos amar a su Iglesia, a esa su querida Iglesia, cuyo amor le ha obligado a bajar del cielo, a esa Iglesia que tan dulces consuelos nos depara en la celebración de los excelsos misterios a los que se halla tan gloriosamente ligada tu memoria. Consíguenos la fortaleza necesaria para que no nos asustemos ante ningún sacrificio, cuando se trate de honrar nuestro glorioso título de Católicos.

Prométele de nuestra parte al Niño que nos ha nacido, a Aquel que ha de llevar sobre sus hombros la Cruz en señal de realeza, que, con la ayuda de su gracia, no nos escandalizaremos nunca de su causa, ni de sus campeones; que, dentro de la sencillez de nuestra devoción a la Santa Iglesia a quien nos ha dado por Madre, pondremos siempre sus intereses sobre todos los demás; porque sólo ella tiene palabras de vida eterna, sólo ella tiene el secreto y la autoridad para llevar a los hombres hasta ese mundo mejor que es nuestro único fin, el único que no pasa, mientras que todos los intereses terrenos no son más que vanidad, ilusión, y frecuentemente obstáculos al verdadero fin del hombre y de la humanidad.

Pero, para que esta Santa Iglesia pueda realizar su misión y salir triunfante de tantos lazos como se la tienden por todos los caminos de su peregrinación, tiene ante todo necesidad de Pastores que se parezcan a ti, ¡oh Mártir de Cristo! Ruega, pues, para que el Señor de la viña envíe obreros capaces no sólo de cultivar y de regar, sino también de defenderla de las raposas y del jabalí, que según las Sagradas Escrituras, no cesan de introducirse en ella para devastarla. Vuélvase cada día más potente la voz de tu sangre en estos tiempos de anarquía, en los cuales la Iglesia de Cristo se halla esclavizada en muchos lugares de la tierra, a los que pretendía libertar. Acuérdate de la Iglesia de Inglaterra, que tan lamentablemente naufragó, hace tres siglos, con la apostasía de tantos prelados, víctimas de aquellas mismas ideas que tú combatiste hasta la muerte. Tiéndela la mano, ahora que parece levantarse de sus ruinas, olvida las injurias hechas a tu memoria, al caer la Isla de los Santos en el abismo de la herejía. Finalmente acude en ayuda de la Esposa de Jesucristo, allí donde de cualquier modo se halle comprometida su libertad, asegurándola con tus oraciones y ejemplos un triunfo completo.

Fuente: Dom Próspero Gueranger, El Año Litúrgico