Sancte Joseph, Exémplar opíficum

Publicado por: Servus Cordis Iesu

San José, Modelo de los obreros

El 1 de mayo de 1955, atendiendo a las necesidades de los actuales tiempos, S.S. el Papa Pío XII, rodeado de más de 150.000 obreros, representantes de la Asociación Cristiana de Trabajadores, reunidos en la plaza de San Pedro del Vaticano para ofrendarle sus afectos y presentes, contestando a los anhelos que le manifestaron de que consagrara solemnemente la Fiesta del Trabajo, sorprendió al mundo obrero católico con el regalo celestial de la institución de la fiesta litúrgica de su patrono San José, virginal Esposo de María Santísima, el humilde y callado y justo trabajador de Nazaret, para que en adelante fuera su protector especial ante Dios, su defensor en la vida, y su refugio en las penas y pruebas del trabajo. Con esto el Padre Santo quiso grabar en la mente de los obreros y trabajadores católicos el significado de la celebración cristiana de la Fiesta del Trabajo, que una concepción materialista y atea pretende imponer en el proletariado universal para ruina de las naciones. Y para darla todo el realce que merece, se la ha titulado Solemnidad de San José Obrero, declarándola de rito doble de primera clase. De este modo la Iglesia, Madre providentísima de todos, ha manifestado su tierna preocupación por amparar y elevar a los obreros, la parte más numerosa del rebaño del Señor a ella confiado.

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Papas Santos – Sotero y Cayo, Mártires

Publicado por: Servus Cordis Iesu

La Iglesia honra hoy a dos Papas.

San Sotero nació en Fundi, hermosa ciudad de la Campania, en el reino de Nápoles. Pronto destacó por su piedad y ciencia. Siguió la carrera eclesiástica, y en Roma se dio a conocer por su ilustrado talento y sólida sabiduría. Fue elevado al pontificado a la muerte del papa Aniceto. Los tiempos eran malos, muy malos para la Iglesia, San Sotero luchó con energía contra la herejía montanista que comenzaba a aparecer. Sotero visitaba las catacumbas, para animar y enfervorizar a los fieles. El tiempo nos ha robado el conocimiento de sus obras. Sólo un rasgo ha llegado hasta nosotros. Es un fragmento de una carta que el obispo de Corinto, Dionisio, escribió a los Romanos, en la que consigna que el Pontífice ha hecho grandes limosnas a las iglesias de diversas ciudades que padecían hambre. Hermoso testimonio de la solicitud universal del Pontífice de Roma, cuya caritativa influencia se extendía a las más alejadas iglesias. Una carta apostólica acompañaba a las limosnas, y afirma Dionisio que se leía en las reuniones de los fieles, junto con la que San Clemente dirigió a los Corintios el siglo anterior. Como se ve, la caridad de los Pontífices de Roma ha estado siempre unida al celo por la conservación del depósito de la fe. Dio algunos decretos referentes a disciplina eclesiástica, y declaró que no se debe guardar el juramento de cosa ilícita o mala. Derramó su sangre por Dios el 22 de abril de 175, y fue sepultado en el cementerio de San Calixto de la Vía Apia.

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El Doctor Magnífico

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Anselmo nació en Aosta del Piamonte hacia el año 1033. A los 26 años, entró en la abadía de Bec, en Normandía, donde se entregó a la práctica de las virtudes monásticas, y al estudio de la filosofía y de las Sagradas Escrituras. A los 30 años fue nombrado prior y maestrescuela, y en 1078 abad. Gobernó su Abadía con una bondad incomparable, que le permitió triunfar de todas las dificultades. Le tuvieron en gran estima los Papas Gregorio II y Urbano II, y habiendo sido llamado a Inglaterra, en 1092, fue nombrado arzobispo de Cantorbery al año siguiente. Tuvo mucho que padecer de parte de Guillermo el Rojo, a causa de la defensa de los derechos y libertad de la Iglesia. Desterrado, se refugió en Roma, donde el Papa le colmó de honores, y le dio ocasión, en el concilio de Bari, de convencer de sus errores a los griegos que negaban que el Espíritu Santo procede igualmente del Hijo que del Padre. Llamado a Inglaterra, después de la muerte de Guillermo, murió el 21 de abril de 1109. Fue enterrado en Cantorbery. En 1492, Alejandro VI, autorizó su culto, y Clemente XI le declaró Doctor de la Iglesia en 1720.

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Papas Santos – San Celestino I

Publicado por: Servus Cordis Iesu

El glorioso celador de la dignidad de la Madre de Dios, san Celestino, primero de este nombre, fue hijo de Prisco, romano, y nació en Campania, que es tierra de Nápoles. Habiendo resplandecido a los ojos de todos por sus virtudes y sabiduría, le consagraron obispo de Ciro en la Siria y le honraron con el título de cardenal de la Iglesia de Roma, y después, por muerte de Bonifacio I, fue elegido con universal aplauso vicario de nuestro Señor Jesucristo en la tierra. Este fue el santo Pontífice que envió al glorioso san Patricio a Irlanda, para que convirtiese aquellas gentes ciegas a la fe de Cristo, lo cual hizo san Patricio, con tan maravilloso suceso, que mereció ser llamado Apóstol de aquella nación. Por este tiempo se quitó la máscara el diabólico heresiarca Nestorio, el cual con boca sacrílega negaba la unión hipostática del Verbo eterno con la naturaleza humana en el vientre de la purísima Virgen, y juntamente afirmaba que esta serenísima Reina de los ángeles no había concebido y dado a luz a un hombre que juntamente era Dios, sino a un hombre puro; y que así no se había de llamar Madre de Dios, sino Madre de Cristo, en quien reconocía y confesaba dos personas, divina y humana, poniendo en estas tanta distinción como en las naturalezas. Contra este Luzbel que trajo a su error la tercera parte de las estrellas, armó el cielo a otro ángel que fue san Celestino, el cual mandó que se celebrase en el año 431 el concilio general de Éfeso, donde asistió como legado apostólico el glorioso doctor y patriarca san Cirilo. Allí fue condenada y anatematizada la herejía de Nestorio, y porque llamado, no quiso comparecer al concilio, ni retractarse, fue depuesto de la cátedra de Constantinopla, y recluso en el monasterio de San Euprepio de Antioquía, donde acabó miserablemente su vida, llerrándosele de gusanos aquella lengua que tanto había blasfemado contra la Madre de Dios. Entonces añadió la Iglesia, como artículo de fe, a la oración angélica aquellas palabras: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros; y el pueblo con luminarias y regocijos, celebró la definición dogmática del más excelso título de nuestra Señora. Finalmente habiendo el santo Pontífice Celestino logrado del emperador Teodosio que hiciese leyes para la observancia de las fiestas, y edificado y enriquecido muchos templos de Roma con gran magnificencia, a los ocho años de su pontificado, descansó en la paz del Señor.

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El Doctor Egregio

Publicado por: Servus Cordis Iesu

La Iglesia nos presenta hoy la apacible e imponente figura de uno de sus más santos Pontífices, Isidoro, el gran Obispo de Sevilla, el hombre más sabio de su siglo, pero más admirable todavía por las maravillas de su celo en su patria, viene hoy a animarnos con su ejemplo y su intercesión.

San Isidoro nació en Cartagena en 560. Ya desde su juventud su vastísima ciencia le permitió combatir la herejía arriana. En 600 fue elevado a la sede de Sevilla y San Gregorio Magno le nombró su Nuncio en toda España. Favoreció la vida monástica, levantó escuelas, reunió Concilios, escribió los libros de las Etimologías, de los Oficios Eclesiásticos y otras importantísimas obras para la disciplina cristiana, y sobre todo dio ejemplo de las más altas virtudes. Después de haber extirpado de España la herejía murió en Sevilla en 636.

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Nuestra Madre Dolorosa y Corredentora

Publicado por: Servus Cordis Iesu

El sol va acercándose a su ocaso; hay que encerrar en el sepulcro el cuerpo de quien es el autor de la vida. La madre concentra toda la energía de su amor en un último beso y oprimida de un dolor inmenso como el mar, entrega este cuerpo adorable, a aquellos que después de haberlo embalsamado, le deben encerrar bajo la piedra de la tumba. Se cierra el sepulcro y María acompañada de Juan, su hijo adoptivo, y de Magdalena, seguida de los dos discípulos que han asistido a las exequias, y de las santas mujeres, se internan en la ciudad maldita.

¿No veremos nosotros en todo esto, nada más que el espectáculo de las aflicciones que ha padecido la madre de Jesús junto a la cruz de su hijo? ¿No había sido intención de Dios el haberla hecho asistir en persona a la muerte de su hijo? ¿Por qué no la ha arrancado de este mundo, como a José, antes de que llegara el día en que la muerte de Jesús debía causar en su corazón una aflicción, que sobrepasara a todas aquellas que han padecido todas las madres después del origen del mundo? Dios no lo ha hecho porque la nueva Eva tenía que desempeñar un papel al pie del árbol de la cruz. Del mismo modo que el Padre celestial requirió su consentimiento antes de enviar al Verbo Eterno a esta tierra, fueron requeridas la obediencia y abnegación de María para la inmolación del Redentor. ¿No era este hijo, que ella había concebido después de haber consentido en el ofrecimiento divino, el bien más querido de esta madre incomparable? El cielo no se lo debía de arrebatar sin que ella misma lo ofreciera.

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Vida Religiosa, Vida Evangélica

Publicado por: Servus Cordis Iesu

“La disciplina claustral, si se cumple con exactitud, conduce a una gran perfección, preserva de la condenación eterna y otorga una corona muy alta en el reino celestial” (Tomás de Kempis, La disciplina claustral)

Abramos el Evangelio y veamos la vida de nuestro Señor Jesucristo y de los primeros cristianos, que son el primer y más sólido fundamento de la vida religiosa. Consideremos ante todo los personajes que llenan el Evangelio. San José y la Santísima Virgen abren el camino haciendo el voto de virginidad antes de su matrimonio. San Juan Bautista se retira al desierto para prepararse prolongadamente a su predicación en la soledad y en la penitencia. Los apóstoles lo dejan todo: familia, situación, proyectos de futuro, para seguir a Nuestro Señor. Mas ellos no eran la única excepción, pues toda una legión de santas mujeres, “que habían venido de Galilea con Jesús”, iban siguiendo al Salvador, asiduas en servirle a Él y a sus discípulos, y permaneciendo valerosas al pie de la cruz.

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Una santa madre de familia

Publicado por: Servus Cordis Iesu

La Beata Ana María Taigi nació en Siena, el día 30 de mayo de 1769. Emigrada a Roma, se casó y tuvo siete hijos. Aunque muy ocupada en los trabajos del hogar, no descuidó las obras de misericordia, particularmente con los pobres y los enfermos. Rica en virtud, la gente buscó en ella consejo. Murió el día 9 de junio de 1837. Sus reliquias se veneran en la basílica de San Crisógono, Roma.

El matrimonio cristiano simboliza la unión de Cristo con la Iglesia , y ha sido llamado por el Apóstol “gran sacramento”; por esto no pocas veces Dios ha querido manifestar que es posible, sin duda, alcanzar con la ayuda de la gracia las cimas de la más consumada perfección, si bien a través de dificultades de diversa índole.

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Papas Santos – San Sixto III

Publicado por: Servus Cordis Iesu

San Sixto, papa, tercero de este nombre, fue romano; nació hacia el fin del siglo cuarto. El celo con que combatió las herejías de su tiempo, aun cuando no era más que presbítero, y la honra de ser elevado al sacerdocio por los méritos de una notoria virtud, acreditan la que ya tenía cuando joven, y los progresos que había hecho en la ciencia de los santos. No solamente anatematizó el pelagianismo en presencia de todo el pueblo, sino que refutó sólidamente en sus epístolas los dogmas de aquellos herejes. En una carta, da san Agustín la enhorabuena a san Sixto de haber sido el primero que condenó públicamente los errores de Pelagio, cuando todavía no era más que presbítero.

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Anunciación de la Santísima Virgen María

Publicado por: Servus Cordis Iesu

Este día es grande en los anales de la humanidad, aún en los ojos de Dios: pues es el aniversario del acontecimiento más solemne que se haya cumplido en el tiempo. El Verbo divino, por el cual el Padre creó al mundo, se hizo carne en el seno de una virgen y habitó entre nosotros. Adoremos la grandeza del Hijo de Dios que se humilló; demos gracias al Padre “que amó al mundo hasta darle su Hijo único y al Espíritu Santo cuya virtud todopoderosa obró tan profundo misterio”. En este tiempo tenemos aquí un preludio de las alegrías de Navidad; dentro de nueve meses el Emmanuel concebido en este día, nacerá en Belén y los conciertos de los ángeles nos convidarán a celebrar este nacimiento.

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